Friday, June 24, 2005

Capítulo 5: Ellas: cuando el skin lleva nombre de mujer

La pérdida de la pureza racial frustra por siempre el destino de una raza, cuyo retroceso en el concierto de la humanidad opera enforma cada vez más alarmante, sin que puedan ya desterrarse sus consecuencias, ni del cuerpo ni de la mente.
Adolf Hitler, Mi lucha
Me las había encontrado en muchos momentos a lo largo de la investigación; en las gradas de los estadios de fútbol, en los mítines y manifestaciones políticas, en conferencias de extrema derecha... pero no había tenido oportunidad de hablar con ninguna de ellas a fondo, hasta que Nando, el web master de las páginas juventudes Canillejas, Hammerskín y Ultrassur en la red y uno de los responsables del fanzine El Martillo, me presentó en La Bodega a una de ellas...
‑¡Eh, Tiger!., ven aquí ‑Nando me llamaba desde el otro lado del local agitando una mano, mientras sostenía una cerveza en la otra‑‑‑. Te voy a presentar a una camarada que quiere conocerte.
Pegué un trago largo a mi birra y me acerqué al cerebro que manfiene en la red varias de las páginas web más importantes del neonazismo hispano. Al parecer, por razones que ignoro, dos skingiris se habían fijado en mí y querían conocerme. Y las chicas skins, corno todas las adolescentes de su edad, con frecuencia piden a un amigo de un amigo que haga de intermediario en los rituales del coqueteo del sábado noche. Ni siquiera los jóvenes neonazis españoles son ajenos a ese deporte.
En realidad había sido una de ellas, Mara, la que se había fijado en mí. «Oye, quién es ese chico, nunca lo había visto por aquí.» «Es nuevo, viene de Barna, creo, pero sé que es colega de Nando por Intemet.» «Dile que nos lo presente, venga. Nando, preséntanos al chico nuevo.» «¡Eh, Tiger!, ven aquí ... » Dos besos de cortesía. Muac, muac. «Tiger, éstas son Mara y Cristina. Mara, Tíger ... »
Supongo que tuve suerte. Aquélla era mi oportunidad para iniciar un acercamiento a uno de los colectivos mas desconocidos dentro del movimiento skinhead: el de las skingirls o chelseas. Es decir, las chicas skinheads.
Cristina era el arquetipo de sikingirl. Calzaba botas militares y pan talones tejanos muy ceñidos. Cazadora bomber y camiseta Lonsdale. Y lucía el característico peinado de las skingirls: pelo castaño muy corto, con dos mechones largos por delante de las orejas. En conclusión, su estética era cualquier cosa menos femenina.
El aspecto de Mara no era tan radical. Camisa a cuadros y pantalones tejanos sujetos por unos tirantes patrios de color rojigualda. El pelo rubio le caía sobre los hombros y sus ojos eran de color azul intenso. Una chica aria químicamente (será geneticamente, ¡gañan¡) pura. Al parecer la familia de Mara, devotos componentes de Falange Española ‑donde ella también militó‑‑‑, no aprobaban el aspecto radicalmente obvio de las skingir1s. El fascismo se lleva en el corazón, no hace falta que todo el mundo te señale con el dedo, decía su padre.
Pasé el resto de la noche hablando con Mara, que no se me despegó ni un segundo. Más tarde, cuando nos repartimos en los coches para regresar a ***** , desde *****, y seguir bebiendo en otros locales cercanos a la Castellana, se las apañó para que fuese con ella y con Cristina y su novio ‑otro skihead‑ en su coche. la dejé hacer. Me interesaba mucho abrir una vía al mundo de las skingirls y Mara me lo estaba sirviendo en bandeja.
Dos minis de cerveza en el Moai ‑nunca entendí porque llaman «minis» a enormes vasos de medio litro‑ y nos salimos fuera del local para poder charlar. «¿Estudias o trabajas?» «¿De dónde eres?» «¿Tu familia comparte tu ideología?»
Yo observaba fascinado a aquella joven de 2o años y aspecto angelical, que hablaba con feroz convicción sobre la ~Pensaba que aquellos tirantes con la bandera de España y el pin con la esvástica que Mara lucía en el pecho no encajaban con aquellos profundos ojos azules y aquella atractiva melena rubia. Sin ellos, nadie podría pensar que en el corazón de aquella joven se almacenaba tanto odio contra negros, judíos, moros... Inconscientemente intenté justificarla. Suponía que había sido su mala influencia familiar, o sus amistades, las que habían depositado en ella unas convicciones prestadas, ajenas a sí misma, irreales. Quería pensar que sus consignas contra los inmigrantes, los sionistas, o los deficientes mentales eran sólo una moda pasajera, impuesta por la tribu urbana en la que aquella adolescente había crecido. Pero me equivoqué.
Mara no era sólo una chica mona que se limitaba a repetir como una simia lo que le habían enseñado. 0 quizá sí. Pero por lo menos se había molestado en leer libros ‑eso sí, completamente tendenciosos y partidistas‑ y disponía de argumentos para justificar sus afirmaciones.
‑Piénsalo bien. Las mujeres blancas somos superiores al resto de las mujeres, aunque sólo sea socialmente. Deberíamos dar gracias a Odín por haber nacido blancas. Nosotras podemos decidir si queremos trabajar o no, si queremos tener hijos o no, si queremos casarnos con tal o cual hombre. A las mujeres de otras razas las venden como esclavas, las lapidan, les mutilan el clítoris... A todas las progres que reniegan de su raza me gustaría verlas convertidas en africanas o en moras, o en indias una temporadita. Verías qué pronto suplicarían volver a nacer como blancas...


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Los ojos azules de Mara se iluminaban mientras hablaba de sus convicciones raciales, adquiriendo tintes rojizos como el fuego que sin duda consumía su apasionado corazón, ario hasta la médula. Como su alma ardiendo, que diría Léon Degrelle.
‑Nosotras tenemos el empuje, la convicción y la posibilidad de ejercer la lucha política. De hacer algo por la revolución y por acercar la verdad a la gente. ¿Crees que si fuésemos de otra raza podríamos hacerlo? Además, todas las grandes mujeres de la historia; científicas, escritoras, artistas... todas eran blancas. 0 dime tú si ha existido alguna Madame Curie, o alguna Leni RiefenstahI, o alguna Eva Braun de raza negra o mora...
Mara estaba equivocada. Con toda seguridad, los libros que había leído la skingirl durante su pertenencia a las juventudes falangistas primero, y al mundo neonazi, después, jamás habrían incluido nombres como los de la senadora filipina Leticia Ramos __‑‑‑‑‑presidenta del Senado y vicepresidenta general de la ONU; o la marroquí Fatna Sarehane, doctora en Derecho y premiada profesora de la Facultad de Ciencias jurídicas, Económicas y Sociales de Casablanca; o la israelí Golda Meir, Primera Ministra de Israel y la política más influyente de su país (amén de complice del extermino de palestinos); o Eiffla Dorkenoo, premiada en su Ghana natal con Honores del Estado y la Orden Distinguida del Imperio Británico, de manos de la mismísima reina de Inglaterra; o la sudanesa Nahid Toubia, primera cirujana de su país y profesora del Real Colegio de Cirujanos de Inglaterra; u Olayinka Koso‑Thomas, que dejó su Sierra Leona en guerra para acudir a recibir en Oviedo el Premio Príncipe de Asturias de manos del futuro rey de España; o la líder popular Fatoumata Siré Dialdte, considerada por el semanario LExpress como una de las 1oo mujeres que mueven el mundo, tras haber recibido innumerables galardones profesionales occidentales, a pesar de nacer y vivir en Mal¡; o la pakistaní Berazir Bhutto, Primera Ministra de su país e influyente política; o Angela Davis, activista afroamericana impulsora del movimiento comunista y antisegregacionista; o Constance Ya!,ministra de Familia y promoción de la mujer en Costa de Marfil; o la egipcia Nawal al‑Sadawi, escritora y licenciada en Medicina, que llegó a dirigir la Sanidad Pública en ese país islámico; o las premios Nobel Tom Morrison (afroamericana), Aunj San Smi Kyi (birmana), Rigoberta Menchú (guatemalteca), o tantas y tantas mujeres, negras, asiáticas, judías o musulmanas, de las que Mara jamás había leído nada en sus libros racistas. Para los autores de esos libros, simplemente esas mujeres no existen. Desgraciadamente para el resto de los ciudadanos y ciudadanas de Europa y América, víctimas del etnocentrismo occidental, la mayoría de esas mujeres, tampoco existen.
Me hubiese gustado hablarle a Mara de ellas. Decirle que estaba equivocada, y que también existían grandes mujeres que no eran blancas. Pero me mordí la lengua. No me podía permitir que pudiese pensar, ni por un momento, que su interlocutor tenía algún tipo de simpatía por las negras, las moras o las asiáticas. Además, Mara, que ya iba a por el tercer mini, se había soltado la lengua y me estaba dando una información de valor incalculable. El colectivo de las skingirls y la filosofia de vida de las neonazis españolas era un terreno totalmente virgen, jamás se había hecho una incursión en ese mundo secreto ‑cerrado a los hombres y más aún a los infiltrados‑ y tenía que tener mucho guante blanco para no estropear la vía de acceso que se estaba abriendo ante mí.
‑Fíjate en los chinos. En las subyugadas cooperativas campesinas, el nacimiento de una niña es una verdadera maldición. Y se actúa de acuerdo a eso. Millones de bebés de sexo femenino son asesinados anualmente en las provincias del interior y sus cuerpos arrojados a los ríos o pozos sépticos. Y qué me dices de los putos negros. En África es costumbre ancestral la ablación. Una salvaje operación llevada a cabo por brujos drogados, sin condiciones higiénicas y que en la mayoría de los casos termina con terribles infecciones y dolores crónicos incurables. 0 con la niña, desangrándose lentamente y muriendo de la manera más miserable en algún rincon de su choza, con las heridas cubiertas de moscas. ¿Cómo pueden decir que los chinos o los negros son como nosotros?
‑En eso tienes razón ‑respondí, sincero, mientras golpeaba mi vaso de plástico lleno de cerveza con el suyo, ya casi vacío de nuevo‑. Casi es mejor que esas niñas no hubiesen nacido...
Sí, había bebido demasiado. Acababa de meter la pata y me di cuenta en cuanto terminé de pronunciar la última palabra. Mara se había quedado callada, mirándome con un cierto rictus de sorpresa en el rostro. Una de las características de la skingirls es su abomínación al aborto. intenté arreglarlo.
‑Me refiero a que casi era mejor que no las hubiesen concebido. Vamos, que para traer hijos a esas sociedades tendrían que castrar a todos los negros, así no habría tantos...
Mara rió mi ocurrencia. Yo suspiré aliviado. Dejé el vaso sobre el capó de un coche y decidí que no debía beber más aquella noche, así que encendí un cigarrillo y le ofrecí otro a Mara que rechazó. Mara, corno la mayoría de los neonazis que conocí, cuidaba rígidamente su salud y su fisico. Nada de drogas ‑salvo el alcohol, eso sí, en mayor cantidad que muchos varones del mismo grupo‑, nada de tabaco, régimen vegetariano y mucho deporte.
‑Hablando de eso, viste ayer en la tele a la di‑putada catalana ésa ‑Mara separó la primera sílaba del resto intencionadarnente‑, cómo se llama... la Rahola. joder, defendiendo el aborto como si fuera algo progresista y moderno. Me da asco. Decía que un nonato de tres o cuatro meses no es un ser humano. Si no lo es, porque se argumenta que no tiene conciencia, entonces nosotros decimos que tenemos todo el derecho del mundo a deshacemos de los retrasados mentales, ya que tampoco tienen una conciencia real. ¿No es lo mismo abogar por el aborto y por la pena de muerte al mismo tiempo? ¿Defienden que matemos a nuestros fetos porque no tienen personalidad real y se escandalizan porque Hitler gasease a los subnormales? Habría que recordarle a esa tía que en la plataforma de lucha de los bolcheviques estaba la exigencia de la legalización del aborto y la abolición del servicio militar, entre otras. Y sólo consiguieron que años después, durante la era Stalin, el aborto se restringiese duramente porque había resultado contraproducente y el índice de natalidad había bajado a cifras espantosamente negativas... Y con una «misteriosa» y enorme tasa de mortalidad, ya era un público genocidio con todas las de la ley. Porque fijate en que cada vez, con la rnierda del aborto, las parejas blancas tienen menos hijos, mientras que los negros, los moros o los amarillos se reproducen como conejos,
La joven skin se iba acalorando cada vez más y mientras me señalaba con el dedo índice continuaba su discurso.
‑¿Sabes cuál es el problema? La falta de conciencia racial. Si las mujeres blancas se hiciesen conscientes de que nuestra raza se está extinguiendo mientras las otras razas crecen y crecen, y lo que es peor, se extienden por nuestros países, no temerían traer hijos blancos al mundo, aunque les costase un esfuerzo económico o les restase libertad. Lo que yo te digo, Tigre, el problema es que las mujeres blancas no son conscientes de lo que son y de la suerte que tienen de ser blancas. Ni de su responsabilidad como tales. Y si encima añades a eso el problema de los maricones... ¿Cuánto tiempo podremos resistir antes de que nuestra raza blanca se extinga?
Mara continuó su hilo argumental, atribuyendo a la sociedad progresista todos los males de la raza blanca. La liberalización del aborto, el crecimiento de la homosexualidad o las modas estéticas ‑‑que ella consideraba pro‑pedófilas y antinaturales‑, en las que las modelos de belleza eran cada vez más jóvenes, anoréxicas y de aspecto aniñado, habían provocado el caos en la vida sexual de la sociedad blanca. A causa de lo cual cada vez nacían menos niños blancos puros y el mestizaje, cuando no la natalidad exclusivamente no blanca, invadía países corno España, condenándonos ‑según ella‑ a la extinción de la sangre, la raza y la historia de nuestra nación a corto plazo.

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Cristina y su novio interrumpieron la conversación. Ellos se retiraban ya y, con muy buen criterio, invitaban a Mara a que hiciese lo mismo.
‑Tía, hoy has bebido un mogollón. ¿Por qué no la llevas tú a su casa?
Cristina se había girado hacia mí al decir eso, con una sonrisa de complicidad en los labios. Mara también sonreía al sacar las llaves de su coche de los tejanos y arrojármelas.
El llavero blanco, rojo y plata era un círculo de tamaño mayor a una moneda de dos curos y tenía la calavera emblemática de las SS alemanas sobre una especie de triskele (esvástica de tres brazos) rodeado por la leyenda Ultrassur‑198O/2000. Intenté pasárselo al novio de Cristina, pero negó con la cabeza. «No conduzco^ dijo. Así que conduje yo.
Dejamos a Cristina y a su novio ‑cuyo nombre no consigo recordar‑ en el cruce de ***** con Y a continuación llevé el coche de Mara hacia Moncloa. La joven, de familia militar, vivía en las ********** , pero al llegar a la zona me hizo bajar por ***** hacia *****, en dirección al parque, y aparcar allí.
No esperó ni un instante para abalanzarse sobre mi y besarme
Aquella reacción me cogió por sorpresa y no supe reaccieone go que estaba tan asombrado como halagado. Y pagué el precio de no ser más rápido de reflejos. Tendría que haberla apartado de mí inmediatamente y haber buscado alguna excusa para salir del coche y marcharme en el acto, pero no soy tan rápido. Y en cuanto Mara me abrazó, notó el bulto de la cámara que llevaba oculta en una riñonera, ceñida bajo el sobaco, y dio un brinco. «¿Qué es eso? ¿Llevas una pistola? ¿No serás un madero?» Y yo escapé hacia el único sitio donde podía escapar, hacia delante. Coloqué mi índice sobre sus labios intentando que mi sonrisa no pareciese forzada. «¿Es que sólo los putos maderos pueden tener una pipa? ¿0 es que tú no buscas protección en un país cada vez más lleno de putos inmigrantes delincuentes?» Y estampé mis labios sobre los suyos mientras echaba el asiento del coche hacia atrás...
No estoy orgulloso, pero no encontré otra manera de desviar la atención de Mara del bulto que acababa de tocar en mi axila y que tomó por un arma. Si hubiese descubierto que aquello era una cámara de vídeo probablemente mi infiltración entre los skinheads, y desde luego mi conocimiento de las skingirls, habría llegado a su fin. Y mientras hacíamos el amor ‑por llamarlo de alguna manera‑, conseguí sacarme la riñonera y envolverla con la cazadora bomber sin que Mara la viese.
Naturalmente, no entraré en detalles escabrosos. Mi intención es exponer los hechos con objeto de que el lector pueda elaborar un perfil de esta joven, quizá extrapolable a otras skingirls, y no exprimir de manera sensacionalista este episodio sexual. Debo concluir que no he vuelto a tener experiencias sexuales con skingirls ni con mujeres neonazis nunca más. Pero jamás antes de aquella noche, ni después ‑al menos hasta la fecha‑, me había encontrado con una mujer que me pidiese que la insultase y que le pegase mientras teníamos relaciones sexuales. Ignoro si fue sólo una coincidencia o las tendencias masoquistas de Mara tenían relación con su opción política. También me sorprendió que no llevase preservativos. Afortunadamente yo sí. Pero me pregunto si aquella joven aria, antiabortista, habría llegado hasta el final en la relación sexual, juro que impuesta por las circunstancias, aunque no hubiésemos tenido un profiláctico a mano.
Cuando terminamos la acompañé hasta su portal. Intercambiamos teléfonos y e‑mafis y conseguí zafarme de sus demandas por ver mi pistola. «Aquí no, puede vemos alguien y tomarnos por etarras, te la enseñaré la próxima vez.» Y decidí en ese instante que no volvería a ver a Mara nunca más. Aquella noche había tentado demasiado a la suerte y había estado a punto de perder el control de la situación. Esperé a que entrase en el ascensor y anoté los nombres de sus padres, que figuraban en el buzón...

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La voz NS femenina

«Me ha salido un curro en Valencia y tengo que pirarme hoy mismo, te llamaré cuando vuelva.» De esta forma conseguí evitar una nueva cita con Mara. Me sentía culpable y responsable a la vez. Y el susto de que detectase la cámara de vídeo, que apenas había utilizado esa noche, había sido una clara señal. Tendría que ser mucho más prudente y evitar en lo posible los contactos fisicos. Si en vez de una skingirl en un coche, hubiese sido un cabeza rapada de i,8o m y 90 kg de peso quien descubriese trá cámara oculta en medio de un concierto, sé que no habría tenido ninguna posibilidad. Y desde luego, no habría hecho el amor con él para desviar sus sospechas...
Inventé una hermana que no tengo, muy interesada en conocer el movirniento de las skingirls, y Mara me facilitó vía e‑mail biblíografia, direcciones web y, sobre todo, la pista del principal colectivo NS femenino en España: Edelweiss. «Dile a ni hermana que si quiere yo puedo presentarle a Teresa y a Mariola. Son buenas tías pero desde que se han liado con los de Blood & Honour no hay quien las aguante.»
Sin llegar a la veteranía de las berlinesas Skingirl Freudeskreis Deutsch1and ‑con más de 10 años de existencia‑; las nortearnericanas de Valkyrie Voice, paganas, radicales y comprometídas; o las italianas USGI de Trento, en España existían algunos grupos femeninos, como las gerundenses Celtíberas o las Nibelungen, pero sin duda el movimiento skingirl español tenía un referente destacado, muy por encima de todos los demás: Edelweiss, y conseguir entrevistarlas sería ahora mi objetivo.
No fue fácil, nada fácil. Si los skinheads son desconfiados por naturaleza, las skingirñs lo son mucho más. A esto debo unir que, ante la ausencia de ninguna hermana, decidí hacerme pasar por una chica nazi e intentar contactar vía e‑mail con Edelweiss en la dirección de correo electrónico que me facilitó Mara, pero fue imposible. Sólo semanas más tarde averiguaría que después de que Teresa y Mariola ingresasen formalmente en Blood & Honour, habían sido «excomulgadas» del movimiento NS madrileño por los ham­merskin, uno de cuyos miembros había conseguido descubrir la clave de acceso al correo de Edelweiss en Internet, impidiéndoles poder recibir los e‑mail y enviando a quienes les escribíamos en aquella época todo tipo de barbaridades.
Finalmente, y a pesar de que detesto involucrar a nadie en mis investigaciones y más en un tema tan peligroso como el movi­miento neonazi, me vi obligado a solicitar la ayuda de una buena amiga, periodista, para que me prestase su voz y telefonease por mí a Teresa, la responsable de la maquetación de Edelweiss: La voz Nacional Socialista femenina.
Aquellas primeras conversaciones me sirvieron para averiguar que además de su revista, neonazi y femenina, las edelweiss habían rea­lizado pancartas, camisetas, pegatinas, etc., lo que demostraba que me encontraba ante jóvenes skins de profundas convicciones y gran activismo. También averiguaba que, además de las jóvenes madrile­ñas, otras neonazis pertenecientes a colectivos ya consolidados, como los burgaleses Alea jacta Est, pertenecían a Edelweiss.
Mientras se pensaban si nos concedían la entrevista que les había pedido, nos enviaron varios números de su revista, reseñas bibliográficas, direcciones de Internet y todo tipo de información sobre el movimiento skingirl internacional. (lo que sigue esta plagiado de paginas web)
Un movimiento que surge en la Inglaterra de finales de los sesenta, poco después de que hagan su aparición los cabezas rapa­das, y que en principio se limitaba a las novias o hermanas de los componentes varones del clan.
«Por eso es fácil comprender ‑explican ellas mismas‑ cómo mientras los mods empezaban a dejarse crecer el pelo, se ponían camisas de flores o calzaban botines, los skins optaban por rapar­se y utilizar Ben Sherman, Grantes y DM's, reforzando su imagen dura y obrera. Para decirlo de una manera que puede parecer sim­ple hoy en día pero que no lo era en aquella época, los mods se afeminaban y los skins se masculinizaban. Como complemento a su atuendo, los skins adoptaban una actitud más que crítica hacia hippies y homosexuales, siendo frecuentes las palizas que propor­cionaban a ambos grupos. Estamos de su lado y nos encanta que decidan unirse y que adopten las ideas del NS para luchar codo a codo contra toda la mierda que nos envuelve. No vemos ningún pro­blema en que lo hagan y parece un atraso que cosas corno el fút­bol, la cerveza, las peleas o hablar abiertamente del sexo sean con­sideradas como cosas de "hombres".» Pero, ¿creen ellas que se ha avanzado en ese sentido y que actualmente los skins NS las consi­deran como sus iguales sin ningún tipo de prejuicio? ¿Por qué existen tan pocas bandas de NS que incorporen mujeres en sus filas? (tan sólo podemos citar a Lionheart, Razors Edge, Tormenta Blan­ca ... ). ¿Por qué alguna que se decide a hacerlo, intenta defiarmar su voz para parecer un camionero cazallero? ¿No adoptan ellas una actitud masculina al vestir Ben Shermans, Fred Perrys, tiran­tes, raparse el pelo y demás? «Además, creemos muy sinceramen­te que en los últimos años algunas skinheads gir1s han aportado más vitalidad al movimiento NS que todos los skins‑malotes juntos. Y es una pena que muchas de ellas se mantengan en un cómodo segundo plano.»
Analizando los textos de las skingirls, creí detectar brotes de un inachismo exacerbado que ya había encontrado en Mi lucha de Adolf Hitler, donde el mismísimo Führer cae en tópicos sobre los gustos de las férnínas alemanas, al utilizarlas como referencia en una de sus reflexiones sobre el atractivo de la dureza masculina: «Como una mujer, cuya sensibilidad siente no tanto la influencia del razo­namierito abstracto como la de un ansia ardiente gobernada por sensaciones, especialmente la de la energía que realiza tarea por cum­plir, y que a dominar al pusilánime prefiere rendir su voluntad al hombre fuerte, el pueblo prefiere el gobernante al suplicante, y siente mayor satisfacción íntima por las doctrinas que no toleran riva­les ... » (Pág. 17). Vamos, que en opinión de Hider al pueblo le gusta que los políticos sean inflexibles y las mujeres prefieren a los maltratadores. Bueno, en el caso de Mara quizá sea así...
En cuanto a la estética skingirl, sin duda su primer signo de identidad, las neonazis españolas enumeraban así las principales características de la apariencia sIdn femenina:
‑ El corte de pelo: observando fotos de finales de los sesenta podemos ver que las primeras skingirls no llevaban lo que hoy en día se considera el «peinado clásico». Llevaban el pelo corto, pero sin rapar. Hace 33 años la vida de una mujer con la cabeza afeitada hubiese sido un auténtico infierno, tanto en el ámbito familiar como para encontrar trabajo, ya que se hubiese pensado que acaba­ba de salir de un sanatorio mental o de una cárcel. A pesar de esto el libro de G. Marshall, Spirit of '69. A skinhead Bible, dice que «las skingirls se cortaban el pelo en las barberías de hombres»... Más tarde apareció el corte de pelo clásico que ha pervivido hasta nues­tros días. Este corte se caracteriza por lo siguiente: se corta el pelo al uno excepto una pequeña franja de pelo que va de oreja a oreja, tanto en la parte de la frente como de la nuca. Ahí se deja crecer el pelo, formando un flequillo que da la vuelta a toda la cabeza. Para explicarlo de un modo más gráfico, sería corno la tonsura que anti­guamente tenían los monjes, pero dejando crecer el pelo en flequi­llos y sin afeitar la coronilla. Otra variante consiste en cortar todo el pelo con maquinilla y hacer pequeñas capas. Así pues, el término «Chelsea» designa dos cosas, a las skinheads girls y al típico corte de pelo que utilizan. En cuanto al maquillaje, se suele resaltar mucho la línea de los ojos y las cejas, aunque eso depende del gusto de cada persona. También son habituales los pendientes, varios en cada oreja (hasta ocho incluso), con forma de pequeños aros.
‑ Vestimenta: otra de las cosas que caracteriza a toda skingirl. Al igual que los hombres, utilizan camisas de cuadros del estilo de las Ben Sherman, polos Fred Perry (la prenda más popular entre las chelseas), y especialmente chalecos y jerséis de cuello en «V», ya que esta forma hace juego con el corte de pelo. Asimismo, usan tirantes de colores variados, cazadoras estilo bomber alpha MA‑i y cazadoras estilo Harrington. Se considera que el color «particular» de las mujeres es el burdeos. Las faldas, por lo general, las llevan a uno o dos centímetros por encima de la rodilla y son de colores lisos como el negro o el gris, o bien de cuadros escoceses; cuando se usa falda se utiliza una particular combinación que consiste en llevar medias y encima de éstas calcetines blancos. También usan pantalones vaqueros y de combate. Otra distinción está en el calza­do; aparte de las botas de combate con puntera de acero, las skin­heads girls utilizan unos zapatos determinados; los más conocidos son los Penny loafers, que son una especie de «náuticos» con la suela gruesa, unas tiras de cuero y un lazo en el empeine y una franja de color en la parte superior del zapato (aunque también los hay sin franja de color). Otro tipo de zapatos utilizados son los Mary janes y los Brogues. Para ocasiones especiales utilizan trajes de chaqueta de tres botones con falda, con camisas de color liso y medias. Aparte de esto también se utilizan las prendas clásicas de todo skinhead como las sudaderas de diversas marcas; cardigans (chaqueta de lana con botones y con el cuello en V), chaquetas donkey, etc. En el tema de tatuajes los hay de todo tipo: Skinhead Girl con un bate, laureles, rosas, calaveras, símbolos políticos....
A medida que estudiaba los textos redactados por aquellas muje­res, poco más que adolescentes en su gran mayoría, me iba hacien­do una idea más precisa de la complejidad del movimiento skin­head femenino. Una psicología que me recordaba, de alguna manera, la Figura arquetípica de la doncella, madre y anciana que ha sido reve­renciada por la humanidad desde hace milenios. Y en algunos artí­culos publicados tanto en Edelweiss como en otros medios skin­girls, se insistía en ese papel «matemal» de la mujer blanca en el movimiento ario, ya desde los tiempos del III Reich:
«El ideal femenino germánico, la "santa germánica", estaba repre­sentado por las madres, las madres originales (Frigg, Dame Hone); según el sentimiento germánico, la concepción no era una tara, una mancha, un envilecimiento. Al contrario, tal idea habría sido con­siderada como una ofensa hecha a las madres germánicas. En las sagas se observa centenares de veces que las viudas son tan desea­das como las vírgenes, y ningún germano pensaría que una viuda es inferior porque ya no es pura. De hecho, los libros jurídicos salios, ripuarios y turingios prescriben que la pena por homicidio de una mujer apta para concebir o que ya ha parido es tres veces más severa que la de una virgen que todavía no ha tenido hijos. Este hecho muestra que la noción de virginidad no es fundamental para juzgar el valor de la mujer. No es la castidad, sino el valor bio­lógico lo que contrariamente a la condición de virgen está vincula­do al cumplimiento de la maternidad, y es fundamental para apre­ciar a la mujer. La mujer embarazada, la madre, goza de la mayor consideración porque sigue la ley de la vida tanto en el plano indi­vidual como en el espíritu del pueblo.»
Sin embargo, las neonazis españolas se lamentaban también de que su potencial reproductivo como madres de la raza blanca se ve frecuentemente truncado por los conflictos laborales o sociales que implican las maternidades nurnerosas y la comodidad que, por el contrario, ofrecen los sistemas anticonceptivos:
«Los ginecólogos se aprovechan de este pánico para cobrar ele­vadísirnas minutas practicando cesáreas innecesarias, rasgando úte­ros que podrían gozar del placer de un parto espontáneo con una madre consciente y feliz, lirnitando así su futura procreación, cuan­do está demostrado científicamente que el cuerpo de una mujer sana y sin problemas está preparado para parir un hijo por año entre les 24 Y los 35 años. No sólo no se fomenta la matemidad, la natalidad, con ayudas sociales a las familias, sino que el enemigo ha ido a la raíz, a la esencia de la vida, a su germen, a la mujer, a las madres y al ataque absoluto de su misión fundamental dentro del orden natural de la vida, la matemidad, siendo ésta atacada por todos los frentes. Así pues, mujeres NS, ejerzamos nuestra libertad de ser madres de una raza única y recordemos las 14 palabras.»

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Pero no todas las skirigirls pensaban en limitarse a ser las repro­ductoras del IV Reich y el reposo del guerrero. Algunos grupos, corno Edelweiss, reclamaban su derecho a ir más allá. A una implicación total y absoluta en la lucha revolucionaria contra el sistema, acep­tando para ello todos los riesgos que supone apostar por el movi­miento neonazi para una joven española del siglo xxi:
«Nosotras la skinheads girls, todavía podemos llegar a decir que arriesgamos aún más, ya que nuestro corte de pelo aún identifica más y cierra más puertas... Ésta es nuestra determinación en la vida, somos mujeres arias nacionalsocialistas y sIcinheads y lucharemos jun­to a los hombres por conseguir la ansiada victoria final. A todos aquellos que creen saber de nacionalsocialismo pero en ellos está arrai­gado cierto machismo que sólo les permite ver a la mujer en la coci­na y cuidando de los hijos, simplemente decirles que se lean algu­nos de nuestros artículos, pues no creo que sepan mucho sobre nacionalsocialismo. Esto no es una posición feminista, ni mucho menos, ya que cada uno está orgulloso de lo que es, de lo que repre­senta y de nuestra misión en la lucha que es el punto sublime de tal lucha: la procreación de la raza blanca... La mujer nacionalsocialista considera insultante para su personalidad el feminismo actual que aborrece la personalidad femenina y sólo acepta un pseudo marxis­mo machista, cuajado de aberraciones sexistas y neuróticas. Todo ese movimiento feminista es obra de una campaña sionista contra nuestra cultura. La concepción feminista parte de que las diferencias entre hombre‑mujer son producto exclusivo de la sociedad: de opresión y de la lucha entre los sexos y por tanto todas las diferen­cias deben ser eliminadas, tomando la igualdad total como la me deseable. No distinguir las diferencias intrínsecas (que niegan) d las diferencias provocadas por el miedo es el error básico ferninist Así están negando la existencía de la mujer como tal.»
Y concluían:
«El ferrimismo debe enmarcarse dentro de la línea igualítaria y antinatural de la democracia y el marxismo. No es por tanto una acción independiente sino una secuela lógica de las ideas del siste­ma aplicadas a la concepción del sexo. No debe confundirse femi­nismo con la lucha de la mujer por eliminar aquellas diferencias creadas en la sociedad a causa de costumbres ya inútiles, por la vio­lencia o injusticia. En las sociedades blancas actuales estos casos son raros. Es evidente que la lucha de las mujeres de principio de este siglo por eliminar las injusticias edstentes es totalmente loable.»
Las semanas se sucedían y las edelweiss no se decidían a conce­derme la entrevista que ansiaba, así que decidí que si no podía lle­gar al objetivo directamente, daría un rodeo.
No entraré en detalles para no perjudicar más de lo necesario a los grupos nazis que fueron víctimas de mis triquiñuelas, pero diga­mos que conseguí convencer a un colectivo skinhead del norte del país, con quienes tenía inmejorables relaciones, y totalmente inte­grados en el movimiento neonazi español, de la conveniencia de publicar una entrevista con las skingirls de *****. Y gracias a su intercesión, la entrevista pudo al fin realizarse.
Hablan las skingiris españolas
Tras casi cuatro meses de gestiones, las escurridizas y desconfiadas edelweiss accedían a responder a algunas de mis preguntas. Ni qué decir tiene que hasta la fecha ningún periodista español había con­seguido interrogar a las líderes del movimiento neonazi femenino en España. Mucho más relevantes en el panorama skinhead de lo que yo podía suponer cuando realicé esta entrevista. Y es que en los meses sucesivos volvería a toparme con las chicas de Edelweiss una y otra vez...
‑¿Córno, cuándo y por qué nace un movimiento femenino como Edelweiss?
‑Edelweiss nace en abril del año 2000 como una agrupación femenina que trataba de aglutinar a todas las mujeres NS españolas con ganas de trabajar por el movimiento y demostrar que las mujeres somos tan válidas como los hombres en la lucha. También nace por la necesidad de cubrir ese vacío que hasta ese momento existía en España en cuanto al trabajo, lucha o una publicación femenina NS. A los pocos meses Edelweiss deja de ser una organi­zación, al pasar a formar parte de Blood & Honour España todas nuestras miembros. Así pues Edelweiss sigue fiancionando como la voz NS femenina de Blood & Honour, con una publícación que se edita cada tres meses.
‑¿Cuál creéis que es la función de la mujer blanca NS en la socie­dad Europea?
‑‑‑Creemosque tal y como va la sociedad hoy en día la mujer NS debe luchar en primer lugar por el nacionalsocialismo, de todas las maneras posibles: conservación de nuestra raza y cultura (la cual nos están intentando por todos los medios arrancar), luchar por nuestra identidad europea, luchar por la familia y sus costum­bres, luchar por nuestra tierra y tradiciones, luchar por nuestra condición de mujer femenina que en ningún caso se debe ver ata­cada por maltratos físicos o psicológicos, el aborto, acosos sexuales, etc., y eso se consigue trabajando día a día y viviendo de acuerdo con nuestras ideas con una ética y estilo intachables.
‑¿Qué opináis del panorama sIcinhead en España?
‑Nosotras respetamos el movimiento skinhead, pues trabajamos por y para él día a día, pues creernos que es un modo de revolu­ción juvenil contra el sistema, pero sí somos conscientes de que el movimiento skinhead está muy desprestigiado por personas que no tienen nada que ver con él. Gente que hace apología de la violencia gratuita, no tienen ningún comportamiento ético, educación, etc., aunque sí deberían tenerlo al ser NS. La gente sigue confundida al relacionar a los skins NS con los ultras del fútbol. Los skins; luchan día a día por una revolución nacional, contra un sistema opresor de múltiples maneras distintas, haciendo política. En un estadio de fútbol no se hace política. La gente hoy en día con ganas de luchar y trabajar se separa o no tiene nada que ver con los grupos ultras. Entre nosotros están claras las diferencias, pero para la sociedad borreguil no y de ello la mayor parte de culpa la tienen los medios de comunicación, a los cuales les sigue interesando sacar el lado oscu­ro o negativo el movimiento skinhead. Como miembros de Blood & Honour España estamos en contra de los movimientos ultras por su comportamiento, falta de ética y estilo entre otras cosas.
‑¿Qué diferencia a una joven NS de una skingirl? ¿0 tiene que ser necesariamente lo mismo?
‑Ser NS y ser skingirl no es lo mismo y tiene sus diferencias. Ser skingirl es un modo de vida y conlleva una estética (vestimen­tas prácticamente simílares a los skinheads y un corte de pelo deter­minado, el cual es su modo de demostrar a la sociedad y sistema su rebeldía e insatisfacción con ella), así como la lucha callejera y realizar o asistir a conciertos de música RAC, OiL Las mujeres NS son mujeres con un aspecto externo como el de cualquier otra mujer. En la mayoría de los casos están en contra o no comparten esos gustos por ese tipo de música, esa estética o ese tipo revolucionario de vida. Les une su lucha por el NS en todos sus aspectos. Si una mujer se siente blanca y NS no necesariamente debe ir rapada, lo importante es luchar desde cualquiera de sus formas, lo importan­te es lo que se tiene dentro, la idea, el movimiento y cada una lucha de la manera que le parece más oportuna o va más con ella. Se puede adoptar una estética de vestimenta skin y no ir rapada, eso va en la elección de cada persona. Hay mujeres que por ir con una estética cien por cien skingirl no son mejores que otras, pues muchas adoptan esta estética por moda, por su pareja, etc. y en realidad no hacen nada más. Pero lo importante es comprometerse con la cau­sa y el movimiento, trabajar y luchar. Entregar día a día todo lo que tienes para cambiar el mundo.
‑¿Qué papel creéis que juega la música en la difusión de nues­tras ideas y cómo veis el panorama musical español ahora? Por cierto, ¿para cuándo un grupo 0i! de skingirls?

‑En nuestra opinión la música RAC, Oi!, folk, etc. juega un papel muy importante, imprescindible durante la juventud. El mensaje de nuestra música llega a todas partes, pues va pasando de amigos a hermanos, a conocidos, etc. y puede llegar a terminar convenciendo a una persona de nuestras ideas. También es importante esta músi­ca en nuestro movimiento pues es una forma de expresar nuestra lucha ante el sistema. En cuanto al panorama actual, es bueno, pero es triste ver cómo los grupos que van apareciendo van desapa­reciendo con la misma rapidez. No hay una lucha permanente en la escena de los grupos musicales y con mayor o menor brevedad van desapareciendo. Pero lo bueno es que sigan apareciendo grupos, los jóvenes se esfuercen en conseguirlo y trabajen por la música. Es complicado que haya grupos de skingir1s en España, en otros países de Europa sí ha habido grupos femeninos o con componen­tes femeninos. En primer lugar es una cuestión de estadística, si por cada 500 skinheads salen un par de grupos al año... figúrate por cada 20 skingirls que haya en España... También es verdad que las mujeres tenemos menos tiempo pues tenemos más obligacio­nes. Pero no decaemos y esperamos poder formar algún día un grupo musical femenino.
‑¿Cuáles son los personajes que más os han influido en vues­tra formación como NS?
‑En primer lugar la persona principal que nos han influenci do como NS es Adolf Hitler, por supuesto, pues consiguió cambi Alernania y en definitiva a míles de personas del mundo (entre 1 a cuales nos incluímos) con un arrojo, valor, entrega, trabajo e inteli­gencia dignos de admirar. En segundo lugar cada mujer NS que durante el III Reich luchó sin descanso por el movimiento junto a sus maridos y sus hijos, como Magda Goebbels, Leni Riefenstah], Eva Braun, la señora de Goering, ete. Y finalmente nos han irnpre­sionado actualmente, después de conocerles personalmente, seño­res como Eric Norling, Ramón B, Antonio H, que des­de muy jóvenes empezaron a luchar y todavía a su edad madura no han decaído, siguen luchando y enseñando a los más jóvenes pese a haber sufrido las represiones del sistema durante tantos años. Ellos para nosotras son un ejemplo a seguir sin lugar a dudas.
‑¿Qué opináis de las tradiciones esotéricas, pagangermánicas y del hitlerismo esotérico de autores como don Miguel Serrano?
‑Personalmente no compartimos las ideas del odinismo o paga­nismo, pero por supuesto las respetamos pues son tradiciones ances­trales que tienen mucho de la cultura de nuestros antepasados. En cuanto a las ideas de don Miguel Serrano, es un autor del cual conocemos su obra, pero no compartimos sus ideas.

‑¿Qué opináis de la situación mundial actual y de la extensión del sionismo en nuestra cultura?
‑La situación actual en el mundo es patética, cada día peor. Los judíos avanzan posiciones en todos los ámbitos de la vida y siguen siendo los pobres judíos del «holocuento». Se hacen con nues­tros países, nuestras economías, nuestras culturas y el mundo no parece darse cuenta. Hasta los Estados «Judíos» de Norteamérica les respaldan. Hasta que el mundo no despierte esto no cambiará. Además, por si esto fuera poco, tenemos que tragar con la inmi­gración, la mezcla de culturas y razas, la precariedad económica, la falta de trabajo, de vivienda, de natalidad y un sinfín de motivos que hacen odiar cada día más a la sociedad y al sistema hacia el que nos están conduciendo. Para eso estamos todos nosotros, para intentar cambiarlo y poder dar un futuro digno a nuestras futuras generaciones.

‑¿Cómo veis la situación política del NS en España, cuál es rrues­tro futuro?
‑Creemos que hoy en día el panorama NS es bueno, cada día hay más gente buena luchando y trabajando. Existen partidos polí­ticos coherentes como el MSR, asociaciones culturales como el CEI La lucha es complicada porque no tenemos nada a nuestro favor, nos intentan hundir desde todos los ámbitos de la vida. Pero nadie nos dijo que la lucha sería facil Cada vez se trabaja más, se hacen una lucha seria,. se realicen
más actos, más conciertos, más actividades culturales, etc. en defi­nitiva, hay ilusión. Lo importantes es no decaer nunca pese a las dificultades que nos pongan y seguir siempre en pie de guerra. Eso sí, bien se sabe que a la hora de la verdad trabajan con todas sus letras, pero gracias a eso es posible este cambio en España, por ello la gente debe empezar a darse cuenta de que hay que luchar y luchar no es tomarse tres cervezas en un bar y levantar el brazo, no, luchar es un compromiso diario, una lucha extrema por nues­tro bien y el de nuestra riación.

‑¿Qué puede hacer una joven española para sentirse NS y qué se necesita para ser una miembro de Edelweiss?
‑Una chica NS debe amar su patria, su tierra, sus tradiciones, su raza, su cultura, la familia, la naturaleza y comenzar a trabajar por el movimiento sintiéndolo en el corazón. Si ya se sienten NS y no saben cómo trabajar ni dónde, deben buscar una asociacióri, grupo o colectivo afin a ellas, pero no quedarse de brazos cruzados, sino dar todo lo posible al NS. Para poder formar parte de Edel­weiss hay que cumplir unos requisitos, pues somos muy selectivas En primer lugar la debernos conocer en persona en varias ocasio nes, en segundo lugar debe tener una ética NS, comportamiento estilo intachables, con ganas de trabajar, de luchar y de sacrificarse. Pues en Edelweiss tanto como en BHE se trabaja todos los días sin apenas descanso. Para colaborar con Edelweiss se puede hacer de varias maneras: ya sea obteniendo nuestra publicación o escribien­do algún artículo, mandándonos información que consideren útil o simplemente poniéndose en contacto con nosotras y mostrando su apoyo. Debemos asegurar la existencia de nuestra raza y un futuro para los niños blancos.

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