Sunday, April 30, 2006

Capítulo 10: El fraude de las falsas rameras de Internet


Serán castigados con la pena de prisión de seis meses a un año o multa de seis a dieciocho meses los fabricantes o comerciantes que, en sus ofertas o publicidad de productos o servicios, hagan alegaciones falsas o manifiesten características inciertas sobre los mismos, de modo que puedan causar un perjuicio grave y manifiesto a los consumidores, sin perjuicio de la pena que corresponda aplicar por la comisión de otros delitos.

Código Penal, art 282.

Las Geishas en Madrid, Lady Erotik en Málaga o He1p en Valencia, este último uno de los primeros locales adscritos a ANELA, son prestigiosos burdeles de lujo. Todos ellos cuentan con elaboradas páginas en Internet. Webs renovadas periódicamente, en las que se ofrecen fotografías de las impresionantes modelos que el cliente puede encontrar al visitar su local. Chicas jóvenes, con cuerpos espectaculares, y dispuestas a satisfacer todas las fantasías del usuario, que puede gozar de un servicio sexual completo en las instalaciones del burdel o solicitar que le manden a la chica en cuestión a su domicilio u hotel.
Las Geishas, por ejemplo, es uno de los locales con más solera de la capital de España. Situado en la calle Rodríguez Marín, N. 88, cuenta con una página web de exquisita presentación, en la que se ofrecen varias docenas de minibooks fotográficos de sus supuestas modelos. Ingrid, Sabrina, Dominic, Claudia o Karolina son mujeres espectaculares, capaces de desatar la lujuria del varón más templado. Pero ¿qué ocurre si un cliente telefonea al 91 563 49... Y solicita que le envíen a su hotel a una de esas voluptuosas modelos? Yo lo hice... aunque jugaba con ventaja porque, para cuando les telefoneé, ya había identificado a cinco o seis de las señoritas cuyas fotos aparecen en el portal informático del burdel madrileño.
—¿Dígame? —¿Las Geishas? —Sí, ¿dígame? —llamo por el anuncio del periódico. —Sería para venir aquí o quieres que te enviemos una señorita. —Me gustaría que me enviases una señorita al hotel. ¿Qué precio tiene ese servicio?
—400 euros. Tenemos señoritas españolas y extranjeras y puedes verlas si quieres en nuestra página web...
La mujer que atendió mi llamada tenía la cara dura de asegurarme, verbalmente, que las chicas que aparecían en su web eran las señoritas que se prostituían en su local. Así que a morro, morro y medio. Pedí a una de las chicas que ya tenía identificadas en el entono pornográfico.
Media hora después de mi llamada, solicitando que me mandaran a Ingrid —española de 1,70, veinte años y medidas 9o—6i—9o según la web—, una señorita latinoamericana se presenta en la habitación, pero no tiene nada que ver con las chicas que aparecen en la red. Sonrosada, la buscona me explica que su compañera, Ingrid, se ha puesto enferma repentinamente y por eso la envían a ella que se parece mucho. Tanto como un huevo a una castaña.
Con una satisfacción no exenta de cierta crueldad, por comprobar que mis sospechas eran correctas, le pido que se marche y le abono el importe del taxi. No pasan ni cinco minutos antes de que me telefoneen desde Las Geishas para decirme que pueden enviarme otra chica parecida a la que he elegido en su página web. Con picardía escojo a otra de las modelos de la web, de la que ya sabía tanto como de la anterior. Media hora más y otra señorita, ciertamente atractiva, pero que no es la Karolina —también española y de 1, 70, de treinta y dos años y medidas go—63—go— que aparece en la red, llama a mi puerta. De nuevo la rechazo y reacciona con la misma sorpresa que la anterior. «Es la primera vez que un cliente me rechaza» —me dice.
¿Cómo sabía yo que aquellas dos señoritas cuyas fotos aparecen en la página web de Las Geishas no podían de ninguna manera Visitarme en mi hotel para tener un encuentro sexual conmigo? Pues porque ninguna de ellas es prostituta, ni ha pisado jamás España, ni mucho menos puede ser alquilada por ninguno de los clientes de Las Geishas. Se trata de modelos eróticas o pornográficas, cuyas fotos son pirateadas de determinadas páginas web muy específicas, o compradas a una agencia holandesa por los informáticos responsables de la creación del portal, que manipulan las fotos para hacer creer al usuario que esas chicas buscan el anonimato.
En el caso de la falsa Karolina de Las Geishas se trata de la modelo erótica internacional Yanna Cova, que, por cierto, fue portada de la revista Penthouse en su número de julio del 2003. Seguro que a la multinacional Penthouse le encantaría discutir con los propietarios del garito madrileño los derechos legales de las fotos de una de sus modelos, por mucho que intenten disimular la identidad de las mismas, emborronando la cara de Yanna en las fotos de su página web.
En realidad la primera pista sobre este tipo de fraudes me llegó de Valérie Tasso, la autora de Diario de una ninfomana. La escritora francesa me explicó que muchas agencias de alto standing, como en la que ella misma trabajaba, utilizaban su página web como un reclamo para clientes. Y en este caso concreto, se mezclaban las fotos de auténticas mesalinas, como ella, con otras fotografías de modelos eróticas y pomo, que la agencia adquiría a través de una agencia pornográfica holandesa.
—Lo que hacían en todas las fotos, tanto las nuestras como las de modelos eróticas que jamás habían trabajado en la agencia, ni en España, y que ni siquiera eran prostitutas, era borrarles la cara, para que pareciese que eran chicas reales, que querían ocultar su rostro. Pero todo era mentira. Y cuando un cliente llegaba preguntando por alguna de aquellas chicas de Internet, se le presentaba a una que se le pareciese, y siempre picaban. 0 simplemente se le decía que la chica estaba ocupada, o haciendo un servicio en hotel, y escogía a otra. Lo importante es atraer al cliente a la agencia y una vez allí todos terminaban pagando el servicio con una chica u otra.
Los comentarios de Valérie y de Rosalía me hicieron abrir otra línea de investigación, que terminaría sumergiéndome en el insondable submundo de la pornografía. Desde la multinacional Private y el legendario Bagdad de Barcelona, a las salas Mundo Fantástico y las más lujuriosas despedidas de soltero en Madrid.
En la Ciudad Condal terminé por localizar a Néstor, uno de los primeros creadores de páginas web para prostíbulos españoles. Néstor me puso en la pista de las distribuidoras pornográficas que nutrían de imágenes a los webmasters de los ciberburdeles más importantes del país entre los que se encontraba él. Néstor además me sugirió varias páginas web pornográficas, renovadas todos los días, donde podría encontrar muchas de las fotos originales que, debidamente manipuladas, son utilizadas en portales como www.lasgeishas.com, www.ladyerotik.com, o www.ladymaryam.com, pertenecientes todos ellos a las ramerías más importantes de España.
A partir de ese momento me embarcaría en una cruzada absurda y frenética para demostrar que incluso los serrallos más reputados, dicho esto sin doble sentido, estafan a sus pánfilos clientes con sus llamativas páginas web. Entre ellos se cuentan incluso algunos lupanares que exhiben la placa de garantía de calidad de ANELA en su entrada. Para ello, en primer lugar debería elaborar un directorio de los burdeles, y también de las escorts particulares, que anunciaban sus servicios en Internet. Las principales revistas pornográficas europeas, así como los periódicos locales de todas las provincias de España, fueron la cantera donde localizar las direcciones web para acceder a esos servicios.

NIGHT CLUB COCKTAIL www.cocktail2002.com
c/ Mayor, 215 Puente Tocinos. Murcia
96830 2970
CHRISTINE RELAX www.christinerelax.com
94346 19 17 626 29 36 37 C/ Aldapeta, 59 San Sebastián
BEGOÑA RELAX www.begonarelax.com 943 28 37 05 678 074543
PUERTO Bahía www.puerto-bahia.com 93 28o 16 97
NANNIS www.soynanniss.com
93 410 1435
LA VIE EN ROSE
www.clublavieenrose.com
Rector Ubach, 46, bajos Barcelona
93 201 37o6

Burdeles en España Directorio de cibe

AGENCIA SELECCION www.seleccionspain.coirn 932002000
MADAME CRISTINA www.madamecristina.com 93430 22 05 www.barcelonasexo.com 620 28 29 23
AGENCIA SISI www.sisigirls.com 623 52 72 Y www.harenparadise.com
WOMANS INTERNACIONAL www.womans-intemational.com 93 451 15 53 93451 73 88
SCORTS BARCELONA www.escortben.com
AGENCIA STANDING-11CN www.standing-ben.com 9348708 28 63939 20 09 www.welcome.toanais
CLUB ENJOY www.enjoy-dub.com/sadomoon/CLUB GIRLS www.enjoy-club.com/girls/ Avda. Sarriá, 23 Barcelona 93 430 o8 75
SAUNA STYL www.enjoy—club.com/sty1/ c/ Soler i Rovirosa, 8, entlo. 2 Barcelona 93 231 96 81
MUNDO DE TENTACIONES w~mundotentaciones.com 6468o 6795
CLUB XXX www.club3x.net c/ Viladornat, 291 Barcelona
93419 8784
AGENCIA DESIRE www.desire-vips.com
PLAERS www.plaers.com 93 272 02 82 www.travestisbrasileras.com 93 323 24 34 258
SAUNA MR www.masajesrelax.net c/ Enric Granados, 66 Barcelona 93 451 65 46
NEW ARIBAU www.newaribau.com www.entenza65.com C/ Entenza, 65, bajos Barcelona 93426 92 05
LEMNOS www.lemnos.biz c/ Conde Borrel, 162, entlo. Barcelona
RELAX WORLD www.paracornerselas.com 93 226 5475
LONDRES 2o www.londres20.com c/ Londres, 20 Barcelona 93439 6040 696 53 33 02
ANGI ESCORT www.enjoy—dub.com/escort 61g 86 09 28 259
MS www.masosado.com c/ Gran de Gracia, 215, entlo. Barcelona 93 05 90 10
MODELS http://netroweb.lanetro.com/thebest 610 41 61 41
PUB PARIS www.paris-glamour.com Ctra. Horta a Cerdanyola, km. 8 Barcelona 93 423 427 54 / 44
VALENCIA.COM
www.valencia.com 96 3804776
HELP www.help.arrakis.es Dr. Vila Barberá, 2o, bajo 96 3804776
COMPLEJO ROMANI www.complejoromani.com Ctra. Nacional 332, km. 242 Sollana. Valencia
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www.atabu.com c/ San Vicente Valencia 96 380 34 35
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Avda. Aragón Valencia 96 33741 12
EL CISNE www.complejoelcisne.com/ Avda. de Alicante, s/n (Antigua Ctra. N—332, km 246) Silla (Valencia) 4646o 961 21 26 33
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CASA ELENA
www.lacasitadeelena.com 9864722o8 9864722 56
CASA PRINCESAS www.princesas.info 986423410
LADY EROTIK www.ladyerotik.com 952 604172 626447o88
TRASTEVERE www.trastevereweb.com/ c/ Autonomía, 36 Baracaldo. Bilbao
AGENCIA WORLD CANARIAS www.agenciaworld.com 63643 1944 66726 59 23
AGENCIA CARLA www.sexelsa.com/carla 922 26 26 10
AGENCIA THIARA www.chicas-thiara.com 922 24 16 71 670 32 16 38
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Las falsas modelos de la red

Una vez elaborado el directorio, sólo quedaba armarse de paciencia y comparar a las supuestas prostitutas anunciadas en esas páginas con las modelos eróticas y pornográficas que pueblan el universo del sexo profesional internacional. Durante los meses siguientes examiné cientos de publicaciones, miles de páginas y quizá millones de imágenes pornográficas. El pomo es una industria que crece a un ritmo inimaginable, en algunos casos estrechamente vinculada con la prostitución.
Lesbianismo, sadismo, sexo anal, eyaculaciones faciales, coprofilia, travestismo, sexo adolescente, orgías, embarazadas, masoquismo, doble y triple penetración, gerontofilia, lluvia dorada, voyeurismo, pedofilia, fetichismo y un largo etcétera. El universo de la pornografía no conoce más límite que la imaginación. Pero a medida que profundizaba en ese mundo, sintiendo cómo mi propia sexualidad se pervertía cuanto más me sumergía en ese pozo sin fondo, comprendía cuál era el origen en la evolución de las fantasías sexuales solicitadas por los dientes a las prostitutas. Primero experimenté sorpresa, después vértigo y finalmente asco por el género masculino. Las sensaciones que me embargaban según iba descendiendo peldaños en el submundo del sexo de pago eran cada vez más tenebrosas. Oscuras. Sucias. Malolientes... En definitiva, humanas.
Pero si yo me escandalizaba y me asqueaba al descubrir las perversiones que muchos varones exigen a las prostitutas, ¿qué sentirían ellas al tener que experimentarlas en su propia carne? La pornografía es el mejor baremo para calibrar las fantasías sexuales de una sociedad, y la prostitución el lugar donde materializarlas. Carmen, la empleada de ALECRIN que ejerció como prostituta de lujo en Galicia desde que tenía sólo diecisiete años, había sido la primera en alertarme sobre un fenómeno que luego me confirmarían otras muchas rameras:
—Yo estuve con muchos clientes que sólo querían lo normal: o sea un «francés» y penetración, y al cabo de seis meses o un año, volvía a repetir con el mismo cliente y ya quería otras cosas: tríos, darte por el culo, correrse en tu cara... Y si volvía a repetir con él un año después, ya quería cosas más raras: vibradores, que le mearas o le cagaras, que le pegases... y la mayoría, al final, cuando ya ha hecho de todo con chicas, buscan travestís...
Me consta que algunos de los rostros conocidos de la televisión, el deporte o la política han terminado acudiendo a travestís y transexuales después de una dilatada experiencia con prostitutas. Entre ellos se incluye algún compañero e íntimo amigo mío, cuyas perversiones descubrí, casualmente, al encontrarme con el travestí al que acuden muchos famosos en Barcelona. Confieso que resultó traumatizante, cuando entrevistaba a dicho travestí, escuchar de sus labios los nombres de íntimos amigos y compañeros de cadena que habían sido sus clientes más viciosos. Sólo en un momento de la investigación mi sorpresa fue mayor: cuando descubrí que la esposa de otro íntimo amigo mío ejercía la prostitución. Era en esos momentos cuando me arrepentía de haber profundizado tanto. Prefería no haber averiguado eso.
Ahora no me cabe duda de que esas fantasías sexuales de los puteros están motivadas, o al menos condicionadas, por la oferta pornográfica que satura diariamente el mercado del sexo. Desde los zapatos de tacón de aguja y la lencería fina hasta las eyaculaciones faciales y las orgías: los dientes piden a las furcias lo que ven en los vídeos, revistas y páginas pomo, y que desean imitar. En ocasiones los proxenetas o los encargados del burdel exigen a las meretrices que satisfagan esas peticiones, por sórdidas y denigrantes que resulten, bajo la amenaza de ser expulsadas del prostíbulo, y eso en el mejor de los casos. Debería haberme dado cuenta en ese momento de que ninguna mente puede resistir por mucho tiempo un castigo tan atroz y continuado sin acusar trastornos psicológicos tarde o temprano.
Poco a poco, y tras invertir todas las horas muertas de mi tiempo en visitar las páginas pornográficas de la red que me habían marcado Néstor o Valérie, comenzaron a aparecer los primeros resultados. Afortunadamente mis amigos son comprensivos y ya están acostumbrados a mis rarezas. Por eso se limitaban a mirarme con una sonrisa tolerante, cuando inundaba el ordenador de sus oficinas o sus domicilios con cientos de páginas web pornográficas, aprovechando que sus equipos informáticos son más rápidos y potentes que el mío.
De esta forma empecé a localizar, poco a poco, día a día, foto a foto, las imágenes originales, hurtadas de las webs eróticas o pomo por los responsables de los ciberburdeles, haciéndolas pasar por sus prostitutas. Para darle un toque de realismo, los diseñadores de la página manipulan la fotografía original, ocultándole el rostro, como si de verdad se tratase de una fulana localizable en ese club que desea mantener el anonimato. A continuación añaden una descripción completa, y totalmente falsa, de la joven, detallando sus supuestas fantasías eróticas: «Tengo diecinueve añitos. Mi altura es 1,78 Y mis medidas, 90-60-90. Me encanta hacerlo por detrás ... ». Los serrallos más audaces con su presencia en Internet, como la malagueña www.ladyerotik.com, tienen la osadía de añadir las palabras «foto real sobreimpresionada en esas imágenes robadas de páginas pornográficas.
En otros casos, como la madrileña www.ladymaryan.com, incluso se atreven a ofrecer a alguna pornostar internacional, como Brandy Smith. Esta actriz, que pertenece a la factoría Private, jamás ha trabajado en un prostíbulo español. Así me lo confirmaron en su sede central de Barcelona, regentada por Natalia Kim, al ver las fotos expuestas por el burdel madrileño en su página web. Y es que la chica que Lady Maryan ofrece como «Lorena: estudiante de Medicina, de veinte añitos, nacida en Madrid, con medidas 90-60-90 y dispuesta a cualquier juego erótico es en realidad una de las actrices pomo más reputadas del mundo, que ni ha estudiado Medicina ni tiene veinte años ni ha pisado Madrid en su vida.
Ya sólo me quedaba comprobar por mí mismo si las afirmaciones de Valérie Tasso eran tan precisas como siempre. Decidí averiguar cómo reaccionaban los encargados del burdel cuando un diente solicitaba a alguna de las chicas que aparecen en sus páginas web. Para el siguiente experimento escogí uno de los locales que presentan la placa de garantía de calidad de ANELA— Según la asociación de empresarios de prostíbulos españoles, esa placa avala los servicios de sus ramerías. Así que, según ANELA, sin duda la página web www.help.arrakis.es reflejaba solamente la oferta de los honrados empresarios del conocido prostíbulo valenciano.
El Help, ubicado en la calle Dr. Vila Barberá, N. 20, bajo, ingresó en ANELA el 30 de octubre de hace dos años, momento en que la placa que garantiza la calidad del prostíbulo era colocada en la entrada del burdel. ¿Y quién fue la persona encargada de realizar la solemne entrega de esta placa ANE LA? Pues nada más y nada menos que mi viejo «camarada» D. José Luís Roberto, fundador de la asociación de puticlubs, director de Levantina de Seguridad, y presidente del partido político de extrema derecha España2000.
Antes de acudir al burdel, marqué su número de teléfono, el 96 380.... y expresé claramente mi deseo de tener relaciones sexuales con una de las chicas que aparecían en su página web: Miriam. Según la encargada, no había ningún problema. Sólo tenía que acercarme al prostíbulo y allí podría disfrutar de los encantos de la estilizada rubia que había visto en su sitio de Internet. Aparqué el coche a un par de manzanas del local y preparé la cámara oculta. No me hacía gracia pensar que los vigilantes/porteros del burdel muy probablemente habrían salido de Levantina de Seguridad, pero era una de esas situaciones en las que no hay alternativas: o asumía el riesgo y entraba, o me volvía al hotel. Finalmente opté por lo primero. Activé la cámara y acudí a la mancebía de ANELA como un cliente más, completamente solo y sin cobertura, como casi siempre.
Para entrar en el He1p hay que llamar a un telefonillo y esperar a que te abran. Esos segundos, con uno de los vigilantes del lupanar a mi espalda, resultaron incómodos y no pude evitar ocultarme la cara lo más posible.
Por fin me abrió la encargada, una rubia madurita de pelo corto, que me acompañó hasta el bar del club, atravesando una serie de salas lujosamente decoradas. Tardaría algunas semanas en averiguar, gracias a uno de mis «camaradas» skinhead de Levantina de Seguridad, que la rubia madurita era Raquel, cuyo marido, por cierto, también fue uno de los capos de las empresas de seguridad en Valencia: concretamente de Nauper, con una curiosa historia personal. Le pedí una copa a Raquel y pregunté por Miriam, la chica de Internet. Como me esperaba, la mujer me dio evasivas.
—Miriam ahora está en un servicio, pero te voy a pasar a otras chicas muy guapas que tenemos.
Dicho y hecho. Varias jóvenes fueron desfilando frente a mi cámara oculta, mostrándome sus encantos. Ninguna de ellas aparecía en la página web del He1p. Y aunque, por supuesto, eran jóvenes y agraciadas, distaban mucho de las exuberantes modelos que aparecían en la red.
—¿Y bien?, ¿cuál te gusta? —me dice la señora, una vez ha desaparecido la última de las rameras que me ha mostrado como si fuesen ganado en una feria bovina.
—Pues la verdad es que me gusta Miriam —respondo conteniendo la sonrisa.
—Ya te he dicho que Miriam está ocupada —replica ella, que empieza a enfadarse.
—Vale, pues la esperaré. Con la mejor de mis sonrisas me acomodé en la barra del club y continué tomando mi copa, bajo la mirada atónita de la madame. Parecía evidente que no se esperaba mi reacción y permaneció unos minutos sin saber qué decir.
—Es que va a tardar. Está haciendo un servicio en un hotel.
—No importa, no tengo prisa —y seguí con mi copa reprimiendo la sonrisa maliciosa que intentaba asomar a mis labios.
Según el minutado de la cinta de mi cámara oculta, sólo tardó cuatro minutos en volver a preguntarme:
—¿Bueno, qué, te lo has pensado mejor? —Sí, claro. —¿Y? ¿Con cuál te quedas? —Con Miriam.
Lógicamente, la mujer se enfadó de verdad y me dijo que Miriam ya no trabajaba allí, y que no iba a volver, así que o elegía a otra chica o no pintaba nada en el burdel de ANELA— Era más que suficiente. Evidentemente Miriam no se llama Miriam sino Julia —si no estoy equivocado—, no era prostituta, sino una modelo erótica rusa —ni siquiera pomo— y por supuesto jamás ha estado en España ni en Valencia ni en el Help ni en ningún otro burdel de ANELA—
No soy abogado, pero imagino que los puteros habituales que acudan al Help con la intención de utilizar a alguna de las chicas que aparecen en su página web podrían acusar al prestigioso prostíbulo, en el mejor de los casos, de utilizar publicidad engañosa. Con o sin placa de ANELA, con o sin garantía de calidad, si quieren alcanzar el orgasmo con alguna de las chicas que se anuncian en la web del Help, como la ficticia Miriam, tendrán que hacerlo a mano.
La trastienda del burdel
A pocos kilómetros de Valencia, en la localidad de Silla, se encuentra el primer burdel que recibió la honorable placa de ANELA: El Cisne, que por cierto también cuenta con página web, www.complejoelcisne.com, aunque, todo hay que decirlo, al menos no incluye fotos de sus prostitutas.
Llegué ya bien entrada la madrugada y conecté la cámara oculta justo antes de cruzarme con Nacho, el encargado de la seguridad, con el que terminé haciendo buenas migas. Nunca me atreví a preguntarle si pertenecía a los skinheads de Levantina de Seguridad ni si había estado en la manifestación contra la inmigración, organizada por José Luís Roberto y su partido ultraderechista. Sería tentar demasiado a la suerte, y sólo me faltaba que un grupo de porteros y vigilantes de burdel pillasen a Tiger88 solo y grabándoles con una cámara oculta en el interior de un prostíbulo. Afortunadamente todos los skins de Levantina de Seguridad frecuentaban las páginas nazis en que se le habían atribuido otras identidades a Tiger88, y buscaban a los supuestos Antonios Salas que circulaban por la red y no a mí.
El Cisne fue, desde su fundación, uno de los arietes de ANELA, de cara a los medios de comunicación. Adrián Espejo, gerente del prostíbulo, siempre con una sonrisa en los labios, respondía pacientemente a las inquisitivas preguntas de la prensa, para quien abrió las puertas de su local.
Confieso que me habría gustado haber encontrado trapos sucios en El Cisne, por eso, cuando Diana, una dominicana mulata de grandes pechos, me dio conversación, desplegué todos mis encantos para ganármela. Conozco relativamente bien la República Dominicana. En su día recorrí toda su geografía, desde Puerto Plata a Elías Piñas y desde Gemaní a Santo Domingo, pasando por Neibar, Bani, San Cristóbal, Santiago, etc., incluyendo el pueblo de donde era originaria Lucrecia Pérez, la inmigrante asesinada a tiros en Madrid por un guardia civil neonazi y varios miembros de Ultrassur. La pobre Diana no sabía que los asesinos de su paisana era «primos ideológicos» del fundador de la asociación empresarial que vivía de su esfuerzo y sacrificio. Siempre me he preguntado qué pensarían los asesinos de Lucrecia Pérez y los miles de neonazis subnormales que les aplaudieron si supiesen que algunos de sus ideólogos políticos, como José Luís Roberto, se lucran de otras inmigrantes ¡legales como ella. En el fondo no demuestran ser más que una pandilla de pardillos que se han pasado con la maquinilla de afeitar, rapándose el cerebro. Y las skingir1s que enérgicamente exigen la expulsión de las inmigrantes por quitar los puestos de trabajo a las «verdaderas» españolas blancas tal vez deberían ocupar su lugar en los burdeles de ANELA, así todo quedaría en casa.
No fue difícil convencer a la dominicana para vemos a las cuatro de la madrugada, cuando concluía su horario en el serrallo. Ella vivía en Valencia y me ofrecí a acompañarla. Se ahorraría el dinero del taxi y yo tendría la oportunidad de conseguir una nueva fuente de información. Al día siguiente, y durante varios de mis viajes a
Valencia, volvería a verme con Diana, que me facilitaría mucha información sobre El Cisne y otros locales en los que había trabajado antes, y en los que ha trabajado después.
Diana fue quien me explicó que, aunque ella no dormía en El Cisne, tenía que pagar 42 euros todos los días para poder buscar clientes en el burdel. La misma suma que pagan las busconas alojadas en el local 24 horas al día. Ella sabe que no puede elegir: o acepta las condiciones del prostíbulo o se larga. Además debía abonar una multa, de 6 euros por fracción, cada vez que se excedía en el tiempo contratado por el cliente para el servicio sexual. Ella vivía en Valencia y podía comprarse la ropa, zapatos, perfumes y demás «herramientas de trabajo» en las tiendas normales, pero las chicas que estaban día y noche en El Cisne recibían periódicamente la visita de «representantes comerciales» que les vendían vestidos, joyas, etc., a precios abusivos aprovechándose de que no podían comprarlos en ningún otro lugar. Ella se quejaba de que, hiciesen lo que hiciesen y se esforzasen cuanto se esforzasen, quienes siempre salían ganando eran los empresarios.
—Yo puedo entender que cobren a las chicas que viven aquí como si fuese un hotel pero ¿por qué nos cobran lo mismo a las que no estamos aquí más que el tiempo que dura el alterne? Tampoco entiendo por qué, por ejemplo, cuando yo hago un strip-tease en una despedida de soltero y cobro 180 euros, tengo que darle a ellos 80, si soy yo la que hago todo el trabajo...
Fue Diana la que me contó que al menos las chicas que vivían en El Cisne tenían piscina y otras comodidades, aunque por eso no deja de ser una cárcel con barrotes de oro en la que de vez en cuando se producían pequeños robos, como en todos los lupanares de España. Ellas saben que podrían estar peor, pero ninguna ejerce la prostitución libre y voluntariamente como creen los responsables de ANELA, sino porque, como Diana, carecen de documentos legales y prefieren vender su cuerpo que regresar a un país donde sólo les espera una vida de miseria.
Una de esas noches, mientras estaba en El Cisne se produjo un incidente muy curioso. Aparecieron cuatro individuos jóvenes, fuertes y que, por su acento, parecían rumanos. Al otro lado de la barra, Antonio y otros trabajadores del local manifestaban un claro nerviosismo. Los rumanos hablaban por sus móviles con alguien sin decidirse a pedir una consumición, por lo que Antonio les llamó la atención. Entonces volvieron a utilizar el móvil y, poco después, otros cuatro o cinco rufianes llegaron a El Cisne. Ni Nacho ni toda la guardia pretoriana de José Luís Roberto se habría atrevido a chistarles a los rumanos y la tensión era patente en el burdel. No es lo mismo apalear a un vagabundo negro con media docena de camaradas sidris, que enfrentarse a varios rumanos armados. Ahí es donde los guerreros arios se acojonan.
Entonces pidieron alcohol y chicas en cantidad, y yo consideré que era el mejor momento para batirme en retirada. Sólo me faltaba verme involucrado en un tiroteo. Diana fue una de las escogidas para subir con los rumanos y al día siguiente me relataría con detalle su episodio. Pese a que Levantina de Seguridad teóricamente garantiza la seguridad de las chicas en los burdeles de ANELA, ni Diana ni ninguna de sus amigas se sintió segura.
Y eso me llevó a pensar que diga lo que diga ANELA, el mundo de la prostitución está ligado a la noche, las mafias y la violencia. Todas las rameras de sus locales, que en ningún caso son furcias por vocación, forman parte de lo que el profesor de justicia Criminal en la Universidad de Illinois, Steven A. Egger, llama «los menos muertos», en relación a que son las víctimas más accesibles para todo tipo de violencia homicida. El agente Juan simplemente las definiría como «carne de cañón».
Sumergidas en un pozo del que resulta muy difícil salir, sus días —más bien sus noches— se suceden sin ninguna expectativa de futuro, inmersas en el mundo de las drogas, las bandas de crimen organizado, el alcohol, etc. Pese a sus vestidos caros, a sus zapatos de tacón de aguja, a su lencería fina, a los neones luminosos y a las bebidas y drogas de calidad, en las vidas de esas chicas no hay glamour, lujos ni sofisticación. La mayoría de las veces, ni siquiera hay sonrisas.

Wednesday, April 19, 2006

Capítulo 9: Estudiantes y universitarias españolas: carne fresca para el burdel



Si las mencionadas conductas (inducción a la prostitución) se realizaren sobre persona menor de edad o incapaz, para iniciarla o mantenerla en una situación de prostitución, se impondrá al responsable la pena superior en grado a la que corresponda según los apartados anteriores.

Código Penal, art. 188, 3 (Modificado según Ley Orgánica 11/2003, de 29 de septiembre)

Mi primer contacto personal con Sunny fue a través del teléfono. Lo recuerdo perfectamente, porque de la impresión, me caí de la cama en la habitación del hotel. Cuando aquella mañana sonó el móvil, esperaba escuchar cualquier cosa antes que aquella voz profunda, grave y casi gutural.
—Diga. —¿Antonio? Soy Sunny, el... primo de Julieta —el boxeador utilizaba el nombre «profesional» de Susy.
—¿Qué? ¿Cómo? —Estoy en la recepción de tu hotel. Sentí un brote de pánico. ¿Por qué estaba Sunny en la recepción de mi hotel si habíamos acordado vernos al día siguiente? ¿Le habría advertido alguien que un blanco estaba haciendo demasiadas preguntas en Murcia? ¿Me habría delatado alguna de mis fuentes? Aquella situación no estaba prevista y me había cogido con las defensas bajas. Así que intenté ganar tiempo a toda costa.
—Ah, ya. Pues, hola, Sunny, encantado de conocerte. Pero verás, ahora no estoy en el hotel. Estoy en El Corte Inglés comprando un regalo para el hijo de... tu prima.
—No importa, yo esperaré aquí a ti.
El puñetero negro me lo estaba poniendo difícil. Si se plantaba en la recepción del hotel no podría salir del edificio sin ser descubierto. Maldije mi propia imprudencia. Siempre he dicho que el buen infiltrado debe mentir lo imprescindible. Es importante decir la verdad siempre que sea posible, de lo contrario nuestras propias mentiras se volverán contra nosotros, restándonos capacidad mental y agilidad. Ahora tenía que salir del hotel sin ser visto, y regresar por la puerta principal con un regalo para el hijo de Susana.
Corté la comunicación diciendo que le llamaría en un minuto.
Necesitaba pensar. Consulté el plano del hotel que se encuentra en todas las habitaciones. Buscaba salidas de emergencia, alguna puerta trasera que me permitiese salir del edificio y regresar por la puerta principal, pero eso llamaría la atención de todos los empleados. No podía meterme en la cocina o desprecintar una puerta de emergencia sin que todo el personal se quedase con mi cara y mi extraño comportamiento. Incluso podría saltar alguna alarma, lo que también alertaría al traficante.
De pronto me di cuenta de que aquel pánico me estaba obnubilando el juicio. Yo había vigilado la casa del traficante y lo había seguido por media Murcia, pero Sunny no me conocía a mí. No me había visto nunca. Simplemente podía bajar a la recepción y pasar delante de él sin mirarle a los ojos, como si fuese un inquilino más del hotel. Si controlaba los nervios no tenía por qué darse cuenta.
Ya había llamado el ascensor para poner en práctica mi plan, cuando mi móvil sonó de nuevo. Había surgido un imprevisto y Sunny tenía que salir inmediatamente hacia Alicante, para atender unos negocios. Posponía nuestro encuentro para el día siguiente. Me dejé caer pesadamente sobre las escaleras como una marioneta cuyos hilos acaban de ser cortados con una tijera y respiré aliviado. Ahora tenía veinticuatro horas para prepararme, y sobre todo para tener claro mi plan.
No existía ninguna manera de averiguar si Sunny sospechaba de mí. Desde luego, si desconfiaba, no había dicho nada que expresa se esa suspicacia, sin embargo, su tono de voz no era en absoluto tranquilizador. De todos modos, lo que más me inquietaba no era tanto la corpulencia física de Suny como su astucia. Evidentemente no menospreciaba los puños del boxeador, pero consideraba mucho más peligrosa la inteligencia que en muchas ocasiones había demostrado. No hacía mucho que Susy me había contado que cuando ella dio a luz el día 19 de junio del año 2001, recién llegada a las costas de Algeciras en una patera llena de inmigrantes, Sunny se presentó en la casa de acogida disfrazado de sacerdote. Con un alzacuellos y una Biblia tan falsos como su fe, consiguió hacerse pasar por un religioso compasivo que atendería a su paisana nigeriana. Susy salió así de la casa de acogida con destino a las calles de Murcia, donde comenzaría a ejercer la prostitución, mientras Sunny se ocupaba de custodiar a su hijo cuando la joven madre ganaba dinero para él.

Estudiantes de día y rameras de noche

Esa noche volvía al Pipos. Quería volver a interrogar a la amiga de Ruth que me había dado las primeras pistas sobre el burdel de alguien relacionado con Gran Hermano. Y para mi sorpresa, por primera y única vez en el transcurso de esta investigación, conocí a una prostituta española trabajando en un club. Naturalmente, no es que no existan más, pero es un dato a tener en cuenta que después de los meses que llevaba visitando burdeles de toda España, fuera la primera vez que encontrara a una prostituta española en un club de carretera. Se llama Yolanda y es una estudiante de veintidós años. Costó algún tiempo convencerla, pero finalmente congeniamos y accedió a contarme su historia con pelos y señales.
Yolanda, Yola para los clientes, nació en un pueblecito extremeño, en el seno de una familia tan humilde como numerosa. A los catorce años pasó por una experiencia traumática que marcaría toda su vida: fue violada, según su relato, y supongo que víctima de la vergüenza —que en todo caso debería sentir el violador, algo se rompió en su interior. Comenzó a coquetear con las drogas y al cumplir la mayoría de edad se marchó a la gran ciudad para buscarse la vida. Como le encantaba bailar y poseía un buen cuerpo, pronto encontró trabajo como go-go de discoteca y más tarde, como stripper. Pero un buen día decidió dar un paso más.
Muchas estudiantes españolas han especulado alguna vez con el mundo de la prostitución. En sus conversaciones íntimas, entre amigas, se han preguntado cómo sería ese mundo. Yola también. Aquel día, envalentonada por una amiga tan curiosa como ella —las estudiantes españolas prostituidas que he conocido empezaron igual—, decidió telefonear al número de un anuncio de prensa. Buscaban camareras para un local de alterne, se prometían generosos sueldos y un trabajo cómodo. Así es cómo Yola y su amiga empezaron a trabajar en un burdel catalán donde, en poco tiempo, se atrevieron a saltar al otro lado de la barra, para convertirse en dos chicas de alterne más. Sus ingresos se multiplicaron, aunque las drogas se llevaban la mayor parte.
Unos meses después, Yola regresó a su pueblo para seguir trabajando como ramera en un club de Don Benito, en la provincia de Badajoz. Nunca me lo confirmó, pero probablemente fuera el Papillón o el Sandokán.
Allí conoció todo tipo de hombres, aunque parece ser que uno de sus clientes consiguió convencerla para aceptar un tratamiento de metadona. Cuando yo contacté con ella, acababa de terminarlo, aunque seguía metiéndose una dosis de heroína de vez en cuando. Yo controlo, me decía. Como todos los heroinómanos.
Intentó reconstruir su vida y empezó a estudiar, pero, como el sexo genera mucho dinero, terminó llevando una doble existencia: durante el día asistía a clase como todos sus compañeros y era una alumna más; por la noche comerciaba con su cuerpo desatando la lujuria en los hombres.
Yola disfrutaba con la ingenuidad de los compañeros de clase que intentaban seducirla invitándola a un refresco o al cine, cuando por la noche aquella «inocente» estudiante alternaba con hombres de negocios, empresarios y probablemente hasta con los padres de alguno de sus cándidos compañeros de estudios. Yola, como me han confesado otras prostitutas, disfrutaba en cierta manera del control que las meretrices ejercen sobre el cliente.
Actualmente, combina su trabajo como go—go y stripper con la prostitución. Se justifica diciendo que necesita el dinero para operarse los pechos. «Porque los pechos son muy importantes en mi trabajo.» Pero se engaña a sí misma. Yola, como otras chicas de su edad, es alérgica a la pobreza y gana en una noche lo que sus compañeros de clase quizá ganen en un mes, una vez concluyan sus estudios y empiecen a trabajar.
Puede comprarse ropa, zapatos, joyas... que sus compañeras sólo pueden soñar. A cambio, ella se dice que sólo tiene que alquilar sus prietas carnes jóvenes a empresarios, políticos o profesionales. Sólo.
Sin embargo, Yola no tiene ningún chulo ni proxeneta que tome a su familia como rehén de un pacto suicida. Tampoco ha asumido ninguna deuda millonaria, ni ha sido víctima de crueles rituales vudú. No rota de burdel en burdel cada veintiún días, ni ha de soportar el frío del invierno y el calor del verano, ofertando su cuerpo al mejor postor en el escaparate de la calle. Salvo el hecho de que ambas practican el sexo por dinero, Yola no tiene casi nada en común con Susana.

Cara a cara

Y por fin, llegó el momento. Me había citado con Susy y con Sunny en una cafetería de la concurridísima plaza de la Catedral de Murcia porque no quería encontrarme con el ex boxeador en un lugar aislado y sin testigos.
Un compañero de Tele 5 volvía a acompañarme en esta ocasión para grabar, desde otro ángulo, mi primer encuentro con el traficante. Además, era de agradecer la presencia de unos ojos amigos en medio de tanta soledad. Porque, aunque sabía que en el caso de que el traficante descubriese mi identidad durante la entrevista, el golpe un puñetazo o el filo de su navaja serían imparables, yo prefería que aquellos ojos aliados estuviesen allí.
Sobre todo, por lo que es más importante, sabía que después la angustia del día, podría hablar con alguien y compartir la tensión acumulada. Ya estaba acostumbrado a que por la noche, después de una jornada entre mafiosos, prostitutas, traficantes y puteros tuve que encerrarme en la habitación del hotel y tragarme toda mierda del día, imposible de digerir.
En las ocasiones en las que la angustia era insoportable, cuando las confesiones de una prostituta adolescente, las gracias de un puro infame o las negociaciones con un traficante impío ponían a prueba mi capacidad de resistencia psicológica, sólo la voz de un amigo al otro lado del hilo telefónico, permitía mantener la cordura. Nunca agradeceré lo suficiente a esos amigos el haber estado al otro lado del teléfono para escucharme, sin preguntas ni reproches. Especialmente a aquel «rubí» en bruto al que acudí más de una vez sin que pronunciase mi nombre, para que me repitiera que yo no era Antonio el traficante de mujeres, sino un periodista infiltrado.
Por todo eso me aliviaba saber que mi compañero estaba allí, algún punto de aquella plaza, vigilándome a través del objetivo su cámara, cuando Sunny hizo su aparición.
Siempre le había visto en la distancia, mientras vigilábamos casa o lo seguíamos, conduciendo frenéticamente por las calles Murcia. Al verlo de cerca, me pareció mucho más grande y corpulento. Sus sempiternas gafas de sol que sin embargo esconden ojo semicerrado, legado de su época en el ring, y la ostentación que hace de su riqueza con sus collares, anillos y hasta un pendiente de oro hacen de él el arquetipo del mafioso africano.
Nada más sentarse pide una Larios sola, sin hielo, me estudia con la mirada y después me tiende su enorme manaza. Estruja la mía sin piedad mientras Susy nos presenta. Con la mano indemne, le entrego el enorme osito de peluche que he comprado para su hijo en El Corte Inglés esa mañana. Susy luce al cuello el collar que le regalé, dotado de supuestos poderes mágicos.
—¿Qué tal? —Bien. —¿Bien? —Sí. Mucho calor, ¿no? —intento entablar una conversación y recurro al socorrido asunto del tiempo.
—Hace más calor aquí que en África, ¿verdad? —¿Conoces África? —me pregunta Sunny intrigado. Y vuelvo a echar mano de mis anteriores experiencias como reportero en medio mundo.
—Sí, claro. —¿Qué país de África? —Marruecos, Nigeria, Mauritania, Malawi, Egipto, Mozambique... —Pero no conoces oeste de África. Nigeria... —Sí. Abuja, Lagos, Benin... —Sí, sí. —¿Y tú conoces España bien? —Sí. Desde Alicante hasta La Coruña. Desde nuestro primer encuentro, y aunque con cuentagotas’ Sunny fue dándome información que me permitiría profundizar cada vez más en su vida. Intento ser amable y simpático, e improviso sobre la marcha mientras mi cámara oculta registra toda la conversación.
—Con este calor no me extraña que estéis tan morenos. Tú estás un poco más moreno que yo ——digo, intentando ganarme su simpatía.
—Sí, estamos aquí para estar morenos.
—Pero África es más bonito. A mí me gusta más. No hay tantas prisas. Hay una luz increíble para hacer fotos. Y las mujeres son más lindas que aquí.
—¿Eres murciano? —No, madrileño. —Hay mucho africano en Madrid. —Sí, yo tengo muchos amigos africanos en Madrid. Me gusta la brujería.
Cuando surge el tema de la magia, Susy le dice algo al oído, en un dialecto africano que no entiendo. Y de pronto, Sunny me sorprende con sus conocimientos sobre la brujería afroamericana. Ha visto que llevo los collares de santero que me habían facilitado en La Milagrosa, y reconoce sin problema los dioses que representa cada uno. Para mí es una prueba irrefutable de que Sunny está familiarizado con el vudú, y deduzco que probablemente sea él mismo quien realiza los yu-yús y los body con los que extorsiona a sus chicas.
—Tú llevas a Changó —dice el boxeador, mientras señala el collar de cuentas rojas y blancas que luzco desde mi época como aprendiz de santero en La Milagrosa.
—Sí, pero soy hijo de Babalu Aye. —Entonces, tú eres mi hermano. —¿Sí? ¿Eres hijo de Babalu? —pregunto refiriéndome al espíritu animista sincretizado con San Lázaro en la brujería afroamericana.
—Sí.
—Coño, ¿sabes de brujería? —Sí. Tengo un español que tiene Changó, que es babalao. Su nombre en español es Juan.
—¿Y dónde está? —En Alicante, pero es de Granada. Tomo buena nota, e intuyo que el tal Juan, como la Vera de Vigo, es uno de los videntes que, de alguna manera, colabora con las mafias de la prostitución, reforzando la sugestión de las rameras sometidas a esos supuestos hechizos vudú.
—¿Hace mucho tiempo que tú vienes aquí para trabajo? —Yo voy y vengo constantemente. Intuyo que Sunny intenta averiguar a qué me dedico, pero todavía no se atreve a preguntarlo. Intencionadamente dejo ver en el bolsillo de la camisa un mazo de tarjetas de crédito, como había hecho con Susy anteriormente, con la excusa de sacar un paquete de cigarrillos. Sé que Sunny se dedica, entre otras actividades delictivas, a la falsificación de tarjetas y a las tarjetas robadas, y quiero que piense que yo puedo ser un compinche. Los traficantes de tarjetas necesitan españoles que puedan pasar las robadas o falsificadas en comercios y tiendas sin despertar sospechas y constantemente buscan colaboradores. Sin dar importancia al gesto, que intento que parezca casual, vuelvo a guardar las tarjetas y el tabaco, después de encender un cigarrillo. Y sigo con la conversación.
—¿Llueves mucho en España? —Yo sí, cinco años. —Hablas muy bien español. Yo no hablo africano. Hay demasiados idiomas en África.
—Sí. Todos los países de África no tienen el mismo idioma. En Nigeria tampoco el mismo idioma. Nosotros somos de Benin City. En Lagos hablan yoruba, en Abuja hablan ausa...
—Ahí nació el vudú. —Sí. Yoruba, el dueño es Changó; en Benin es Ogún... De pronto, cometo un error. Me dirijo a Susy y la llamo por su nombre, en lugar de usar el que utiliza en su trabajo, Julieta. Sunny se da cuenta y reacciona como impulsado por un resorte. «¿Cómo sabes tú nombre de ella?» Sé que ha sido una imprudencia. El hecho de que conozca el verdadero nombre de una de sus chicas significa que tengo más confianza con ella de lo que debería tener un cliente normal. Cambio de tema y consigo salir del paso, pero debo ser más cuidadoso. Sé que aquella imprudencia le valdrá a Susy una buena regañina cuando regrese a casa. Así me lo confirmaría Susy pocos minutos después, cuando Sunny, satisfecho con nuestro primer contacto, decide marcharse y dejamos solos. Susy me confiesa que Sunny quería verme «para ver lo fuerte que tú eres».
El africano tenía tanta curiosidad por mí como yo por él, y me estudiaba.
—Joder, es grande, ¿eh? Está fuerte... —Síííí. —Price Sunny, ¿no? Se llama así. —Sí, Prince Sunny. —¿Y sabe de brujería? Porque reconoció los collares. —Sí, sabe mucho. —¿Es brujo? ¿Hace brujería vudú? —Sí. Susy no quiere profundizar más en el tema, pero ya me ha confirmado que mi intuición era cierta. El proxeneta se encarga personalmente de los rituales del terror que garantizan la fidelidad de sus pelanduscas. Y de pronto, surge un nuevo personaje en este drama, Al preguntarle por su hijo, Susy me revela que hay un hombre, que resulta ser un joven nigeriano al que conoció durante su terrible viaje hacia Europa, que asumiría la paternidad del niño, aunque él no fuese el progenitor real. Aquel muchacho, al que Sunny había propinado más de una paliza al intentar estar con Susy sin pagar por ello, llevaba un mes haciéndose cargo del pequeño, siguiendo las órdenes del traficante.
—¿Qué tal está el niño? —Está bien. Ahora, en Torrevieja con su padre. —¿Con su padre? —Yo siempre hablar con Sunny para venir él aquí. Pero él no escuchar a mí, entonces yo callar.
—No entiendo. —Yo pedir a Sunny por favor llevar a mí a Torrevieja, o traer él aquí, para mi niño venir aquí. Él dice, sí, un día, un día... siempre dice un día, pero nunca venir.
—Pero ¿no puedes ver a tu hijo?
—Sí, un mes allá y cinco días aquí conmigo, y luego volver allá un mes.
De pronto, descubro que Susy ignora dónde está su hijo y que las palizas del proxeneta le inspiran tanto temor como los siniestros rituales de vudú a los que está sometida.
—¿Y si vamos a buscarlo tú y yo y lo traemos? —Yo no sabe, sólo él sabe dónde está. —¿Sólo Sunny sabe dónde está tu hijo? —Sí. Antes casa sí, ahora cambiar de casa. Yo no sabe en qué casa está. Cuando yo ver a él, yo muy feliz.
—Sunny muy grande, ¿eh? —Sí. Él boxeador en mi país. Es muy fuerte. —Cuando se enfada, tiene que ser muy peligroso, ¿no? —Mucho, eh. Sí, no puedo yo hablar mucho en casa. Yo calla, pegar...
—¿Cómo? —Cuando él enfadar, yo para dormir, sin hablar. Pegar, ¿eh? No sé, yo Dorar...
Poco a poco me fui sintiendo cada vez más implicado emocionalmente en aquella historia, hasta el extremo de considerar seriamente la posibilidad de casarme con Susy para conseguirle la nacionalidad española; o incluso llegué a fantasear con la idea de eliminar personalmente al boxeador nigeriano, en caso de no obtener pruebas de sus delitos para facilitar su detención. A partir de aquel día, el caso de Susana se convirtió en una obsesión personal. Los responsables del equipo de investigación de Atlas—Tele 5, para los que trabajaba en esos momentos, aceptaron excluir todas las grabaciones de Susy y de Sunny del reportaje Esclavas del vudú que estábamos preparando, y que se emitió dentro del programa Infiltrados, que presentaba Javier Nart. Si aquellas imágenes salían en antena, y Sunny descubría que le habíamos estado grabando, podría salir de España y quedar impune de sus delitos una vez más. Así que acordamos continuar la investigación, al margen del programa, hasta que yo pudiese ganarme la confianza de Sunny para demostrar que traficaba con seres humanos. Y que en la España del siglo XXI, digan lo que digan los libros de historia, todavía es posible comprar una esclava.

Universitarias calientes

Sunny me había dejado muy claro que, a partir de nuestro primer encuentro, cuando quisiese hablar con Susana le llamase a él a su móvil. Y así fue. Con relativa frecuencia, desde aquella primera reunión, podría charlar con Sunny cada vez que telefoneaba a la nigeriana, y aquello me hacía ganar cada vez más confianza con el negro. Sin embargo, no quería desatender otra línea de investigación que me parecía fascinante y profundamente desconocida: las estudiantes y universitarias españolas que se prostituyen, al margen de sus compañeros de clase, familiares y amigos. Yola no era una excepción.
Durante toda investigación, las pistas llegan por los cauces más inesperados. Y fue mi propio compañero, otro joven periodista, el que me facilitaría un nuevo hilo del que tirar. Esa noche, mientras cenábamos en el restaurante del hotel, tras comprobar que nuestras respectivas grabaciones de mi primer encuentro con Sunny eran perfectas, me hizo un comentario en relación a Yola y a las universitarias españolas que ejercen la prostitución.
—¡Y tanto que es verdad! Yo tenía una compañera en clase que no se cortaba un pelo. Imagínate, que de pronto le sonaba el móvil, pero estando en clase, y contestaba la llamada dejando superclaro de lo que estaba hablando. Por ejemplo, yo la oía decir: ¿Diga?... Sí, soy yo... 20.000 más el taxi... ¿En qué hotel está?... ¿En qué habitación? ... Vale, en media hora estoy ahí... Y la tía se levantaba y se piraba. Nos tenía a todos como motos, porque se gastaba una pasta en ropa y siempre venía a clase supermaquillada...
Esa joven, estudiante de Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid, resulto ser Mercedes S. F., y su testimonio es muy similar al de otras estudiantes españolas.
Mercedes descubrió un anuncio en la prensa local en el que se precisaban señoritas y llamó. Tiene una personalidad muy fuerte y, en su caso, no necesitó que ninguna amiga la envalentonase para telefonear a la agencia y acordar una cita con los proxenetas.
—La oficina estaba en la torre de Colón, que está encima de la cafetería Ríofrío, y allí mismo sé que tenían un apartamento de los de lujo, de 50.000 la hora y sólo una chica. La encargada y mujer del dueño super mafioso se llamaba Miriam, pero ni idea de los apellidos.
—¿Qué tal fue la entrevista? —Bien, me explicaron un poco las condiciones: que iríamos a medias, que estaría con otras chicas y una encargada en uno de sus pisos, y nada más.
—¿Y adónde te mandaron? —La casa a la que yo fui, que tenía el portero automático con cámaras, estaba en Goya, 23, creo que en el tercer piso aunque no estoy segura. Al parecer llevaban un tiempo teniendo problemillas con el portero, que decía que iba a llamar a la policía y tal, lo mismo por ahí puedes sacar algo.
Con frecuencia los propietarios de este tipo de casas clandestinas ocultan a los demás vecinos la utilidad que dan al piso. Como anécdota, puedo decir que en algunos de ellos colocan placas falsas en la puerta, para aparentar que esa vivienda es el bufete de un abogado, la oficina de una inmobiliaria, o incluso, la consulta de un vidente.
—La madame se llamaba Rosana, y era una colombiana gorda y afable. Como te conté, funcionaban con anuncios en prensa, diciendo que las chicas recibían solas en la casa y tal, pero siempre estábamos más. Los tres anuncios que yo supe que tenían, y que eran los nombres de los servicios, eran de Eva, Ana y Estefanía —ninguna de las chicas nos llamábamos así—. Los anuncios los ponían en ABC, El País y El Mundo.
—¿Qué ponía al que llamaste tú? —El anuncio al que yo llamé estaba en El País’ y pedían chicas no profesionales, universitarias, y también telefonistas. El cincuenta por cien del precio de cada servicio era para la casa y el otro cincuenta para la chica.
—¿Y tenían muchos pisos de ésos? —Sé que tenían por el barrio Salamanca varias casas más, una en General Pardiflas, y también por Atocha, Marqués de Vadillo y Bilbao, pero ésas no las conocí.
El de Mercedes tampoco es un caso aislado. Como no lo es el de Yolanda, la go—go y stripper del Pipos, que ahora trabaja en un conocido local de Barcelona. Allí los cientos de clientes que frecuentan el pub pueden disfrutar de su arte como bailarina y algunos de ellos, a través del propietario del local, de algo más... Ellas son un ejemplo de la evolución que experimentan las busconas españolas; la mayoría comienzan en pisos clandestinos y posteriormente pasan a los servicios en hotel, clubes de lujo, etc.
A través de Yola, es decir, a través de un novio suyo, vigilante jurado en un burdel extremeño, conocí a otra estudiante española que ejercía la prostitución, aunque en este caso, con ambiciones mucho mayores que la go-go, y que me introduciría en otra dimensión de la prostitución en España.
Rosalía se inició en el negocio del sexo el día 17 de febrero de 2002, de una forma similar a Yolanda. Ella y un par de amigas, todas jóvenes españolas que habían fantaseado durante semanas con la idea de prostituirse, decidieron dar el gran paso, pero de forma completamente independiente.
—Alquilamos un piso, aquí en el centro, y pusimos un anuncio en el periódico, Y ya está. Así de fácil. Cada una cobraba lo suyo y ya está.
Sus amigas, como ella, ocultaban a sus familiares, amigos y compañeros de estudios su doble vida. Y como en los casos anteriores, sentían una cierta satisfacción morbosa al observar el comportamiento de jóvenes de su edad, que intentaban seducirlas con una invitación al cine o a la discoteca, o al último concierto de Operación Triunfo. Rosalía y sus amigas se movían en un status social y en un nivel económico muy superior, Y según me dio a entender una de ellas, en una ocasión acudió al piso en el que trabajaba uno de sus profesores de la facultad. Lejos de sentirse descubierta —al fin y al cabo el profesor estaba casado— cumplió con el servicio y cobró como a cualquier otro cliente. La sorpresa llegó cuando sus calificaciones sufrieron un agradecido incremento en la nota final.
Rosalía no tardó en independizarse de su grupo de amigas, y probó suerte tanto en otras agencias de más prestigio como trabajando por su cuenta, convirtiéndose en una de las pocas escorts extremeñas que cobraba 80.000 pesetas por un servicio completo. Entre sus clientes había políticos, escritores, empresarios que le pedían todo tipo de servicios, como por ejemplo, acompañarlos hasta locales de intercambio de parejas donde debería estar con tres y cuatro hombres diferentes, mientras el cliente disfrutaba sólo como voyeur. Yo mismo la acompañé a uno de esos locales, donde me explicó con todo detalle las perversiones que solicitaban de ella los clientes... francamente alucinante.
Lo más extraordinario del caso de Rosalía es que supone un excelente ejemplo de otra constante que me encontré al profundizar en la personalidad de muchas jóvenes prostitutas: su extremo y malentendido romanticismo. Rosalía es una adicta al cariño, y eso es lo que buscaba en todos y cada uno de sus clientes. Mientras la entrevistaba, pronunció una frase tan elocuente como demoledora: «A veces terminaba de estar con un cliente, y en cuanto salía por la puerta, me iba corriendo al chat para intentar conocer a alguien que me dijese algo bonito. A veces estaba chateando con algún amigo, y le decía que iba a comprar tabaco o a preparar la comida, cuando en realidad recibía a un cliente, y después de hacer el amor, volvía corriendo al chat. En el fondo, creo que lo que buscaba desesperadamente era un poco de amor en cada hombre ... ».
Algo que otras prostitutas me han confesado es que, a pesar de que ellas puedan estar con varios hombres diferentes cada día, jamás permitirían a su novio o marido que mirase a otra mujer. Una paradoja habitual entre las prostitutas.
Durante una de nuestras entrevistas, Rosalía me ratificó lo que el agente Juan me había aconsejado para ganarme la amistad de las prostitutas: «Si has hecho un servicio con un hombre, ya sabes a lo que va, así que aunque después te venga de amigo, de ayuda o de lo que quieras, tú siempre vas a pensar que te va a manipular, entonces lo manipulas tú a él, porque ha habido sexo. Otra cosa es una persona que ha pagado el servicio y no lo hace. Lo puedes ver, te puede dar cierta confianza. Pero un hombre que busca sexo... lo primero que piensas es que quiere sexo gratis ... ».
Juan tenía razón al aconsejarme que, bajo ningún concepto, cayese en el mismo juego que los dientes, y que viese lo que viese, resistiese la tentación del sexo. Y debo reconocer, no sin cierto pudor, que en muchas ocasiones supuso un esfuerzo enorme, colosal, no dejarme llevar por el deseo que, evidentemente, me inspiraban muchas de esas chicas. Y también confieso con vergüenza que en alguna ocasión, como en el Vigo Noche, me dejé llevar por las circunstancias, y la inexperiencia no es una excusa. Yo también fui en ese momento un prostituidor, y de alguna manera un colaborador de las mafias. Afortunadamente aprendí a controlar esos instintos, y de esa forma conseguí testimonios como los de Rosalía, de un valor incalculable. No sólo por su historia personal, sino por las pistas que me iban facilitando para avanzar en la investigación, como por ejemplo sobre la trastienda de los burdeles en Internet.
Hace un año, Rosalía conoció a un proxeneta croata con el que mantuvo una tormentosa relación, que terminó por hacerla dar el salto final. Cuando quiso darse cuenta, el ucraniano la había involucrado en su agencia de escorts, y su nombre aparecía en una página web de Internet, junto a los de otras señoritas.
Rosalía y su jefe croata, único responsable de la agencia y de su página web, pensaron, acertadamente, que las mesalinas del siglo XXI no pueden permanecer ajenas a las nuevas tecnologías. Los anuncios por palabras en la prensa local son monótonos y repetitivos. En cualquier periódico del país, se publican diariamente cientos de anuncios de este estilo. Especialmente en los grandes diarios como La Vanguardia, El País, El Mundo o El Periódico, aparecen tantos cientos de avisos que cualquiera de ellos queda diluido entre todos los demás. El croata pensó que había que idear algo más atractivo, una forma de publicidad en la que se pudiese detallar con mayor precisión todos los servicios sexuales que sus chicas podían ofrecer al cliente, así como fotos del local y de sus instalaciones y, cómo no, fotografías de las señoritas, hermosas y exuberantes, que el interesado podría disfrutar.
La página web comenzó a funcionar con gran éxito, ofertando señoritas de Madrid, Barcelona, Marbella, acompañadas de una detallada descripción física, un book fotográfico y un listado de los servicios sexuales que dichas señoritas estarían dispuestas a mantener. Sin embargo, según me reveló Rosalía, todo es mentira...